Este proyecto parte de una sensación de "inestabilidad" en la que me veo sumergida demasiado a menudo, sobre todo en esos días marcados con un fuerte aire existencialista, que me llevan a preguntarme que quiero hacer con mi vida... hacia dónde van encaminados todos los esfuerzos y sacrificios...en que me baso para tomar determinadas decisiones?

Clásicamente los papeles principales que tienen en la formación de "mi historia" la intuición y el subconsciente que me han llevado a actuar de forma impulsiva...hasta ahora no me puedo quejar mucho, apenas, o quizás nada sobre los resultados; pero siempre he creído saber lo que quería, aunque los objetivos cambiaran a corto plazo, mi energía estaba enfocada en cosas concretas, siempre he visto con claridad el siguiente escalón, cosa que parece haber cambiado en este último año ¿Que hago con mi vida?

La cosa está así; Termino un master en investigación artística y creación en cosa de dos meses (si todo va bien) y con el panorama del país, la poca valoración de los estudios artísticos, etc... y quizás la necesidad de empezar a desarrollarme laboralmente dentro de este ámbito...o dentro de algún otro...me llevan a buscar respuesta a esa pregunta, dejando la decisión en manos de los otros, eximiendo la responsabilidad de tomar decisiones, etc.

¿Tú qué harías con mi vida?

jueves, 30 de mayo de 2013

ENCRUCIJADAS; CONVERSACIÓN CON GABRIEL 29 O 30 MAYO (SEGÚN SE MIRE)

Ayer Gabriel me confesó algo; no quiere responder a mis preguntas, no quiere influenciar de ese modo en mi destino, no por email, no grabado, no utilizado y después aplicado, no como archivo; - así, con el registro, estas matando la obra, estas matando el momento.

Dice que me imagina en un cruce, en una encrucijada;
-los cruces son muy simbólicos.

Una encrucijada (de cruz) es un cruce de caminos o paraje o lugar donde se cruzan dos o más de estos y también es el cruce de dos o más calles (véase rotonda). También se usa en un sentido metafórico para referirse a una situación que ofrece varias posibilidades de las que uno no sabe cuál tomar.

Es bastante obvia la relación, no se por que no lo había pensado... Buscando sobre esto me ha aparecido lo siguiente en internet;

"Tarot de la Encrucijada", "Preguntas", "Laberinto", "Enigma", "Incertidumbre".

¿Tienes que tomar una decisión de vital importancia, y no sabes a qué camino tomar? Realiza esta sencilla tirada de seis cartas y tendrás tres respuestas: lo que pasará si eliges cualquier de las dos alternativas que tienes enfrente, y una tercera: la que el Tarot te ofrece como cierta.

La tirada de la encrucijada se suele utilizar cuando la consulta se realiza sobre una cuestión que tiene dos vías de elección, cuando tenemos serias dudas, de cuáles serán las consecuencias de nuestras decisiones.

En casos donde exista una incertidumbre para elegir entre dos caminos, podemos emplear esta tirada de tarot. Podremos descubrir los caminos que aparecerán, tras tomar y ejecutar nuestras decisiones, de una forma clara y concisa.

Como todos los Oráculos puede ser usado en diversas situaciones, para inspirarnos frente a algún problema, para tratar de dilucidar cuál es la mejor forma de conducirnos antes de una determinada situación.

Aunque no creo en estas cosas, bueno, creo desde el punto de vista del subconsciente, del que ya hablamos con el i-ching, he decidido jugar http://www.losarcanos.com/tarot-encrucijada.php; era gratis.

Pues bien, aquí está la respuesta:

Tu tirada me muestra un conjunto y partes de tu vida que son muy importantes para ti. Me marca que hay un vínculo muy fuerte con alguien de tu familia. Y que eso hace que te frenes muchas veces en tus objetivos de futuro.
Pero es que además hay tres puntos de los que te quiero hablar:
La primera carta me habla del amor. Hubo un momento de tu pasado que marcó tu destino. Una persona especialmente importante en tu vida y en tu corazón que te hizo cambiar la manera de ver las cosas. Has sufrido por amor, has llorado, te has arrepentido de haberte enamorado, y ya no sabes cuándo llegará el momento en el que seas feliz por completo… Te ha faltado encontrar la estabilidad ¿Por qué? ¿qué es lo que pasa realmente?
La segunda carta me habla del dinero. Llevas mucho tiempo deseando y confiando en que tu economía mejore. Has apostado muy fuerte por hacer las cosas bien, por ahorrar, por administrar tu dinero muy bien, pero estás en un momento de estancamiento. El esfuerzo y el sacrificio son las dos partes que me transmite la carta.
La tercera carta habla de un periodo de separación en el trabajo. Pero ¿separación de qué? Esta carta marca el momento de tomar decisiones, de cambio, de nuevos proyectos. Me dice esta carta que muchas veces no has sentido realización en tu trabajo, que has tenido que hacerlo por necesidad, pero que no has sentido que te aportara nada. Por eso me aparece la separación, se acerca el momento de dar un cambio y separarte de parte de tu vida que no te aporta nada.
Además, las cartas me hablan de tu familia. Para ti es un pilar muy importante en tu vida, es tu punto de apoyo y tu razón en la vida para mejorar y ser feliz. Pero hay algo que sabes que no está bien, y no sabes cómo arreglarlo. Tienes miedo, pero tienes que saber que las cosas van a cambiar.
En tu tirada el MIEDO Y ESPERANZA aparecen opuestos. Esto es especialmente simbólico.
Además, vas a tener una conversación con una persona que te hará cambiar el rumbo de tu vida. Ahora mismo te encuentras en un cambio de ciclo. El cambio que está por venir será tan revelador que iluminará tu camino y tu destino. Debo guiarte por el sendero de la luz y la prosperidad.

domingo, 26 de mayo de 2013

LUCÍA 26 / MAYO

Por más vueltas que le doy no veo qué podría recomendarte, ya que el estado en el que te encuentras es general entre nuestra generación. Bueno, y quien dice nuestra generación habla de veinte años más arriba y casi diez más abajo.
Si fuese tú, pensaría en las cosas que más me gustan hacer y los sitios donde mejor me siento/he sentido. Luego los escribiría sobre un papel. Para la decisión final, cogería un juego tradicional (por aquello del "juega con mi vida" y por recuperar juegos que recuerdan a nuestra niñez. La niñez de los niños sin futuro). 

El "bote bote" es un juego del que tengo buenos recuerdos. Podrías llenar botellas de plástico con tierra, y dentro de cada una de ellas, un papel con una respuesta. Pégale patadas y la que llegue más lejos será la decisión de tu futuro. Parece que todo tiende al azar... o al destino, vete a saber. 

Mucha suerte. Pero sobretodo, vayas a donde vayas y hagas lo que hagas, no te olvides de golpear a la gente en el entrecejo glabelero. 

Muaca

viernes, 17 de mayo de 2013

DAMJANA JOKIC 10 / MAYO

Que son las cosas que tomas por hecho,para que puedes estar consciente de cosas que ya tienes en tu favor.Por que son cosas que ya te están elevando un paso hacia cualquier meta.Tener libertad de movimiento y el máster , también conocimiento de dos mas hablados idiomas de mundo.Para decidir que dirección quieres tomar a veces es necesario hacer la distancia hacia tu vida y una de las maneras sera pasar un año en otro país para generar las experiencias ,ir conocer y entender la gente ,también conocer te a ti mismo y estar consciente de tus propias fuerzas.Así también se aclaran las posibilidades que tienes y tus propios deseos.Lo mas importante para ser dueño de su propia vida es cuando sabemos quien somos y por que existimos.
besoooo:)

jueves, 16 de mayo de 2013

MARINA H. 16 / MAYO

Yo creo que deberías seguir por la rama del campo audiovisual. A sí como a la producción de cortos, reportajes, spots publicitarios y acabar trabajando para alguna empresa de publicidad. Los estudios podrías realizarlos en EEUU y hacer un Master sobre ello

miércoles, 15 de mayo de 2013

Hacerse imagenes, ser imágenes.

 http://re-visiones.imaginarrar.net/spip.php?article66
Hacerse imagenes, ser imágenes.
RESUMEN: Desde la realización cero como procedimiento de substitución del operador de cámara, este texto pretende hacer un recorrido en el que se plantean algunas magnitudes de las imágenes socializadas e industrializadas derivadas de dicha desaparición. Desde la idea de que nuestros actos más corrientes se convierten en actos de cine es propósito de este texto desarrollar la idea de que, inherente a dicha afirmación se efectúa otro desplazamiento por el cual se produce otra conversión, un segundo desvanecimiento, el del espectador: punto de emergencia, campo de acciones prácticas de una dimensión imaginaria, de un vida alejada de la vida, enajenada, ensoñada, alucinada por la que no hacemos imágenes, sino que nos hacemos imágenes, somos imágenes.
PALABRAS CLAVE: realización cero, plusvalía, ver, alucinación


En dos vídeos realizados por Bruce Nauman en 1973, vemos a una mujer tumbada boca arriba y a un hombre tumbado boca arriba y boca abajo.
Registradas en color y con sonido, las imágenes se presentan en un plano fijo con una duración de 60 minutos repetidos constantemente en bucle.
Prácticamente inmóviles, podemos percibir levemente y de forma ocasional ciertas dificultades respiratorias junto a movimientos casi imperceptibles de la cabeza, la mano...
En los títulos Elke dejando que el suelo se levante sobre ella boca arriba y Tony hundiéndose en el suelo boca arriba y boca abajo se hace referencia a los nombres de las personas que estamos viendo y a la parte enunciativa que describe la acción que ya no entra en el campo de nuestra visibilidad ni de las posibilidades de registro de la cámara; es en todo caso el elemento instructivo que nos permite “intuir” lo que está ocurriendo.
***
El plano fijo de la “cámara clavada al suelo” nos recuerda a los primeros vídeos de Nauman grabados entre 1968 y 1969 en los que registra su actividad en el estudio. La cámara estática es utilizada en estos primeros vídeos como el testigo neutro de las acciones que realiza frente a ella, es la presencia desinteresada y directa de lo que allí acontece. Los títulos de los vídeos son algo similar a una proposición que constata que lo que vemos es lo que Nauman hace y lo que leemos al pie de cada imagen: Tocando el violín lo más rápido posible es uno de los ejemplos de una relación circular de evidencias entre acción, imagen y texto.
Entre 1963 y 1964, Warhol produce los Minimal o Silent films. En ellos Warhol también había “clavado la cámara al suelo” haciendo un uso del mecanismo de registro en el que la intervención del agente de la operación se hace parcial, y se va diluyendo hasta prácticamente desaparecer. Esta desaparición del guión, del operador de cámara y del editor de montaje es un proceso intencional paulatino que comienza en la película Sleep y culmina con Empire.
Virilio sitúa «el adiós del hombre detrás de la cámara» en una cronología en la que todavía se podía creer en la fotografía como un medio objetivo, un testimonio irrecusable de la vida que se deja capturar en su mismo y auténtico existir:
«Este solemne adiós al hombre detrás de la cámara, esta desaparición total de la subjetividad visual (...) convierte aunque lo ignoremos, a nuestros actos más corrientes en actos de cine, y el nuevo material de visión, una materia prima de la visión, impávida e indiferenciada (...) Con la intercepción de la mirada por el aparato de enfocar, asistimos a la emergencia de un mecanismo, no ya de simulación (como en las artes tradicionales), sino de substitución» [Virilio,1998a, p. 63]
Filmar frío [1] son al inicio, las metodologías pero también la forma de un consenso común basado en la fe en la “objetividad de los objetivos”, en el entusiasmo en las capacidades de los medios tecnológicos:
«La imagen ya no es solitaria (subjetiva, elitista, artesanal) sino solidaria (objetiva, democrática, industrial) En ella ya no hay como en el arte, una imagen única, sino una imaginería innumerable que viene a reconstituir sintéticamente la agitación natural del ojo del espectador» [Virilio,1998b, p. 70]
La objetividad, la democracia y la industria se unen por un concepto de solidaridad basado en la substitución de la subjetividad, de la ideología e irracionalidad, y también con una producción masiva de imágenes socializadas que como señala Virilio, «hacen de nuestros actos más corrientes, actos de cine». Y es en ese sentido que lo ordinario se convierte en actos de cine, o como pasa en el pop, que transforma «lo vulgar en precioso».
Desde las primeras interpretaciones relativas a la substitución como forma de objetividad científica, —e incluso como en Benjamin que advierte en el ojo mecánico la capacidad de ver -revelar- algo que nosotros no podemos—, la “realización cero” transita hacia los argumentos relativos a la conexión directa con la vida como en Godard y en otro sentido en Warhol, que lo graba todo: un corte de pelo, besos, alguien durmiendo, comiendo, estando.
Así eran los Screen-Test [Pruebas de pantalla, 1964 y 1966] en los que se le pedía a la persona que permaneciese ante la cámara sin hacer nada —sin actuar— más que aguantar el escrutinio del objetivo durante los tres minutos que duraba la cinta.
Las cámaras son las “substitutas” que se disponen como presencias autónomas; son las «miradas sonámbulas de las cámaras automáticas, la visión sin mirada» definida por Virilio [1998c, p. 67], «la mirada perfectamente sumisa, impersonal, amable y tolerante de un observador pasmado, inmune al aburrimiento» [Tyler, 1967a].

Pero es que la ausencia del guión, del montaje y del operador como forma de conectar con la realidad sin mediación, también dibuja el contradictorio perfil que deriva de la íntima relación que se establece entre el cine y la fábrica como indica Gonzalo Abril [2003]: «los dos contextos semánticos a que remite de manera inmediata el término montaje, no son por casualidad el cine y el trabajo industrial».

Por tanto la realización cero es insuficiente y disfuncional. Tanto es así que Warhol muestra que sin montaje también hay industria, porque sea como sea, las personas incomodadas, sugestionadas, seducidas ante la presencia de la cámara de sus Screen-Test...pasan de ser personas a iconos y sus más de 500 retratos terminaron formando parte de una acumulación fílmica, una colección de fragmentos que reutilizaría posteriormente para otros proyectos bajo distintos títulos y formatos.
De modo que, no hay imagen desechable sino «material de visión reciclable por la industria cinematográfica» [Virilio, 1998d, p.67] y los restos, las sobras pasan a ser parte de un modelo de economía en el que todo es útil, todo vale en una productividad ininterrumpida y acumulativa que al mismo tiempo parece señalar a las formas del ahorro mediante la recuperación de todo lo perdido, en la que los excedentes son materia prima, material disponible para ser utilizado, virtualidades, y por tanto, posibilidades.
«Cuando veo una película antigua de Esther Williams y cien chicas zambulléndose en fila, pienso en cómo deben haber sido los ensayos y en todas las tomas en las que quizás una chica no tuvo el valor suficiente para zambullirse en el momento indicado, y pienso en esa toma cortada de ella en el trampolín. Así pues, esa toma de la escena pasó a ser sobra en el suelo de la sala de montaje —un corte— y posiblemente en aquel momento la chica pasó a ser sobra —probablemente la despidieron—, de modo que la escena entera es mucho más divertida que la escena real en la que todo funcionó a la perfección, y la chica que no se zambulló es la estrella de la película cortada» [Warhol, 1975, p. 101]
La obsesión de Warhol por grabarlo todo, por registrar todo lo que ocurría a su alrededor anuncia un sistema de imágenes más allá de la contemporaneidad de las imágenes seriadas. Tanto era así que tenía un proyecto para un programa de televisión de 6 horas de duración que se llamaría Nothing Special [o The Nothing Special] que a imitación de los vídeos de vigilancia, no consistiría más que en gente que pasaba al lado de una cámara.
«Warhol había instalado un plató de video bastante intimidatorio (...) este carro se desplazaba de aquí para allá a fin de filmar a los visitantes y las actividades del estudio (...) Este aparato se parecía a las cámaras de vigilancia de los bancos: inmóvil, con el objetivo fijo y en constante funcionamiento (...) “A Andy”, ha dicho Vincent, “le hubiera gustado que la cámara no dejase de rodar ni un momento” [Hanhardt, 1991, p. 84]
El plano fijo por un lado parece intentar contrarrestar la idea de montaje con un objeto fundamentalmente de registro de la moderna nuda vida [Agamben, 1995] [2], pero por otro, no podrá dejar de ser parte del incremento ininterrumpido del enorme conglomerado de nuestro fluido, continuo e irregular imaginario.
*
Y es tal vez “en lo que excede”, en todo aquello que supera los límites de lo mostrado y lo enunciado pero también de lo percibido y experimentado en donde encontramos las relaciones más productivas, sugestivas y conflictivas con las imágenes.
Porque la pregunta estriba en qué se supone que debe pasar o deberíamos hacer ante una película de ocho horas de duración en la que lo único que veremos será el Empire State Building por la noche y los destellos que el edificio de al lado emite cada cierto tiempo o ante unos vídeos infinitos en los que lo único que vemos y escuchamos son los casi imperceptibles movimientos y sonidos de un hombre y una mujer tumbados en el suelo.
*
Nauman y Warhol participan de los mismos presupuestos en tanto la duración [3] puede producir acontecimientos perceptivos singulares, fenómenos sensibles de comportamiento. El tiempo como exceso, la duración repetitiva e insistente en Nauman se vincula a un aspecto tensional; en Warhol por el contrario, la acumulación física del tiempo cinematográfico es también una prueba de resistencia, pero funciona conforme a una plácida pasividad.
Saber que las imágenes de Elke y Tony han sido grabadas en un plató de televisión podría hacernos pensar en el medio, que al igual que al cine se le puede presuponer cierto grado narratividad, a la televisión se le podría presuponer un carácter informativo o de entretenimiento, pero como dice Virilio [1997, p. 49]: «Esta imagen constantemente reproducida ya no es información sino una sugestión que hace subjetiva el telespectador. Representarla, reproducirla es del orden de la autosugestión. Es decir, que se tiene algo más que decir que mostrar la realidad».
Cuando lo que vemos y lo que se enuncia señala a un déficit fundamental, la saturación e insistencia en dicho inactivo, bien repetitivo bien extensivo, indica la falta en la saciedad del mirar. Y es en ese “exceso de lo mismo” —o esa “exageración” que diría Warhol— y en ese “excedente temporal” generada en base al déficit de narratividad o de información en donde se ocasiona una “plusvalía del ver” del que no sabemos a ciencia cierta si es la imagen la que se lo apropia o si es la disponibilidad del cuerpo y la mente del espectador.

La deuda que Nauman construye tiene que ver con una promesa de lo que anuncia y que no llegaremos a ver nunca así como una falta de información de las condiciones instructivas que da a los participantes y que tampoco desvela:
“JB —Percibo lo que has hecho, pero no estoy segura de que sea realmente posible entender qué está pasando en esta pieza
BN —Existe un gran peligro en eso y voy a explicar porqué. Estuve trabajando en el ejercicio en el estudio durante un tiempo, y quería hacer una cinta de esto, una grabación, para ver si se podía ver lo que estaba pasando” [Nauman, 1975a, p.176] [4]
Algo parecido ocurre en el Silent Film Blow Job en el que su título —felación ó mamada— anuncia sexo explícito y lo que nos muestra es el primer plano de la cabeza de un chico joven anónimo sin descender nunca por debajo de sus hombros y en donde sólo vemos su cara, mirando hacia arriba, hacia abajo, hacia adelante, a uno u otro lado.

Toda la información de lo que “aparentemente” sucede se antepone en su título, sin embargo, lo que “ocurre”, “ocurre enteramente fuera del plano”, ya que limitando lo que la cámara capta, sustrae el acontecimiento dejando una sombra de duda y una expectativa frustrada para el que “quiera ver más”.
Ver está más allá de lo evidente, y la duración como fenómeno puede construir sugestión o fascinación como en Warhol, y que en Nauman nos sitúa ante un dilema relacionado con la tensión o la frustración, en el que «la voluntad de representar lo imposible se alimenta de la inutilidad de la misma meta» [5] [Hoffmann, 2003, p. 57] —como en la fotografía de doble exposición Fracasando al levitar en el estudio de 1966—.

Y es que no es un asunto de representación sino un asunto de funcionamientos, de duraciones, de situaciones, acontecimientos, fuerzas, emociones, tensiones, ritmos y comportamientos, porque la acumulación visual siempre en curso incurre en la variada gama que puede producir por saturación, por sus excesos y sus deudas: ¿para qué seguir mirando?, ¿para qué seguir haciéndolo?
Y si esta forma de permutar el tiempo de proyección es también una posible forma de permutar nuestra percepción, podríamos hablar de un conflicto entre lo registrado, lo que vemos y lo que percibimos, incluso entre quedarnos o irnos; el tiempo extensísimo de “nada en particular” —ninguna acción, ni narración, ni cúlmenes ni clímax—, es el tiempo de unas películas de superficie en las que podemos irnos y no volver, volver, quedarnos, dormir....y todo seguirá aproximadamente igual: un cambio mínimo de posición, algún reflejo, algún destello, algún pequeño movimiento o ligera respiración.
«Su actitud de me-importa-un-carajo, su impasible y obstinada impertubabilidad en la pantalla, parecen rechazar o absorber cualquier cosa que se les eche» [Mekas, 1970, p. 314]
Hablar de las imágenes como poseedoras de una actitud, de una autonomía concreta, así como de una “capacidad de absorción”, hace que podamos plantearnos la posibilidad de pensar acerca de qué tipo de relación establecemos con ellas a pesar de su impasibilidad o ausencia de relación con lo que se supone que estamos viendo. Podríamos pensar en una forma de masoquismo conformada desde un campo de visión restringido, una acción restringida, y una atención que se limita a esperar, pero la segunda parte de esta disposición la interpreta Parker Tyler como la base del temperamento moderno alejado de ocupaciones desagradables.

«La misma placidez que produce contemplar a un hombre comiéndose una seta (aunque, como si lo hiciese deliberadamente, necesite cuarenta y cinco minutos para morderla, masticarla y tragársela del todo) posee su propio encanto: un encanto exclusivo, que contribuye a que el espectador se sienta, a la vez, elegante y sosegado. Quiero decir que la idea de la paz está directamente relacionada con la ultrapasividad del cinéfilo relajado y predeterminado» [Tyler, 1967b, p. 327]
Tyler describe muy bien las situaciones que consigue configurar Warhol en base al cinéfilo tradicional, en donde la ultrapasividad, el encanto, la elegancia, el sosiego, la paz... visibilizan la permutación de lo vulgar en precioso y un paso más allá, en donde la sugestión describe al espectador pop por excelencia: despreocupado y enajenado, «como un conejo fascinado por una serpiente» [Tyler,1967c, p. 327]

El carácter permutativo de un emplazamiento imaginario configurado por las instrucciones que Nauman les da a Tony y Elke se produce desde una operatividad relacionada también con una forma de resistencia pero en este caso no desde la paz y la elegancia pop sino desde un duro ejercicio de concentración y atención, desde un procedimiento de ensoñación [6] desde el que se elaboran las imágenes, los objetos, los trayectos y las sensibilidades del cuerpo sutil.
Porque lo despreocupado, lo encantador, lo elegante o lo pacífico del pop, o la frustración, la inutilidad, lo limitante y lo difícil en Nauman, no son miradas ni representaciones sino visiones, estados de ánimo, comportamientos, líneas de fuerza, percepciones sutiles, vida psíquica, imágenes mentales.
***

La prueba de fuerza de un artista y de su idea reside en su habilidad para crear una situación mental que podría, al menos en la conciencia de los participantes, modificar la materia al punto de que ellos, fisiológica y psicológicamente, experimentaran su “proyección”

Bruce Nauman

No hay imagen de cosa que no sea al mismo tiempo una imagen mental, el episodio de una vida psíquica

Jose Luis Brea
Hacer derivar los ámbitos del sentido o la información hacia los parámetros de la fascinación y la atracción de las imágenes cinematográficas y televisivas, —magnéticas, deslumbrantes, hipnóticas— nos permite acceder a una dimensión imaginaria de «autoimpregnación sin fin» como dice Parker Tyler [1967d], de una enajenación y «abigarramiento» lacaniano [7].
Las imágenes-tiempo de Warhol tienen una capacidad vehicular que nos permite atravesarlas; como nodos forman parte de esas estructuras de interconexión que en realidad lo único que hacen es “darnos paso a su través” señalando hacia un funcionamiento virtual de las imágenes. También Nauman lo hace cuando indica la insuficiencia tanto del mecanismo de registro como de nuestros sentidos para percibir lo que “realmente” está teniendo lugar en ese plató de televisión:
«Consiguió que el ejercicio fuera lo que de verdad es. El tipo que estaba intentando hundirse en el suelo se empezó a ahogar, y casi le vinieron náuseas. Yo me asusté y no sabía qué hacer. No sabía si debía “despertarlo” o qué, o si es que estaba en un estado de sonambulismo. No sabía si se sentía físicamente enfermo o si estaba de verdad asfixiándose y boqueando. Al final se sentó y recuperó el control, pero por desgracia el micrófono no registraba hasta ese punto, me hubiera encantado que lo hubiera hecho porque fue muy bonito; él estaba realmente atemorizado. Me dijo: “traté de hacerlo muy rápido y me asusté porque no podía salir”. Lo que había ocurrido es que su pecho comenzó a hundirse en el suelo, estaba rodeado y ya no podía respirar más, así que comenzó a... a ahogarse Me dijo: “tenía miedo de mover mi mano porque pensé que si la movía parte de las moléculas se quedarían allí, todo se desmembraría y no podría sacarla”. Es interesante destacar que la noche anterior le había ocurrido lo mismo a la chica de la otra cinta. Estalló en un sudor increíble y no podía respirar. Fue como tener miedo. Para empezar, ya es sorprendente que alguien pudiera realizar este ejercicio, que pudieran meterse en ello. Fue una experiencia tan intensa que realmente llegaron a asustarse al hacerlo. Tal y como lo veo, las cintas no muestran nada de eso, y pensé que también eso resultaba muy curioso» [Nauman, 1975b, p.177] [8]
Las imágenes se producen fuera de cuadro, sus funciones y efectos no dependen de soportes ni siquiera de su visibilidad sino de cuestiones tales como el tiempo o las condiciones instructivas que se proponen a los participantes, y sus efectos pasan a configurar comportamientos, imaginarios, esos «episodios de una vida psíquica». [Brea, 2007].

Dicho carácter virtual es un carácter de potencia que como bien teorizó Aristóteles, nada tenía que ver con la actualidad, con la presencia como fundamento último del arte sino con una posibilidad que puede darse o no, porque su presencia y su función son posibilidades únicamente. El carácter virtual es un carácter de disponibilidad y utilidad que en Grecia suponía pasar a formar parte de un espectro de la producción artesanal técnica pero nunca poética. Sin embargo aquí la relación consiste precisamente en una mutua disponibilidad por la que cedemos y nos ponemos “fuera de sí”, las imágenes y los espectadores o participantes, que no se mantienen sobre la base del mostrar y ni siquiera del mirar, sino del ver o ser vistos.

Eso sí, si nos quedamos, si lo hacemos, aceptamos el planteamiento. Porque a lo que hemos dado en llamar fascinación, es un problema de enajenación en donde cedemos una propiedad o un derecho. Porque enajenar es entregar parte de uno mismo y del mismo modo que Elke y Tony se transfieren y proyectan en las instrucciones de Nauman, en los Minimal Films el efecto se encuentra en la disponibilidad al tiempo de la proyección.
Así la relación unidireccional emisor-receptor termina desapareciendo al igual que anteriormente ya se desvaneció su productor. El vínculo imagen-espectador se configura según relaciones vehiculares, las imágenes pasan a nuestro través y nosotros a su través de tal forma que aquello que nos distanciaba en polaridades termina siendo la dimensión del tiempo y del comportamiento, la magnitud de una tensión interpolar, de una vibrante relación que produce estados sensibles.

Del mismo modo que Warhol consigue este efecto, Nauman inscribe sus imágenes en otros registros y plantea la posibilidad de generarlas según los parámetros de una imagen que, como una muñeca rusa, contiene en su interior un flujo de imágenes-tiempo constituidas como una instrucción que no depende de su visibilidad sino de su capacidad para crear esa «situación mental, esa proyección desde la cual experimentar fisiológica y psicológicamente una modificación de la materia» [Nauman, 1975c, p. 175].
Todo esto dentro de un mismo campo semántico en el que la “fascinación” tiene que ver con la “alienación” y con una forma de traspaso. Transferirnos a las imágenes puede ser una de las funciones por las que tanto la imagen como el espectador desaparecen en la emergencia de una magnitud intensiva, por las que proyectamos instrucciones para construir un espacio mental dinámico en el que somos imágenes, en el que permutamos hacia una sutil perceptividad al punto de modificar lo material, incluso.
Entregándonos pasivamente en Warhol o tensionalmente en Nauman es como la funcionalidad de las imágenes extensivas, silenciosas y mínimas de uno, concentradas, atentas y difíciles de otro, generan un espacio performativo según el cual la virtualidad se hace acto o como señala Nauman, «cierto grado de actividad mental se enlaza con cierto grado de actividad perceptible» [Schimmel, 1993, p. 56].

Y es en esa “perceptibilidad no patente” en donde se produce el conflicto del “habla que crea la situación que nombra”, porque, ¿podemos como espectadores de la imagen de una mujer y un hombre tumbados reconstruir únicamente a través de su enunciado el hundimiento de los cuerpos en el suelo y así instaurar una realidad, la legitimación de una identidad y una subjetividad particulares? ¿O es que Nauman ya alude a una posición en la que el espectador desaparece en ese conflicto para proponer las formas de una participación instruida, las formas de hacer y hacerse imagen?
Como pruebas de resistencia tanto uno como otro comparten una dimensión que se elabora sistematizando el tedio; por pasividad o dificultad ambos señalan a un proceso irritante que deriva en la dimensión oculta que la obstinación “en seguir mirando” puede producir: la alucinación, la suspensión, la flotación... como en la secuencia de Arrebato [Zulueta, 1979] en la que Pedro le dice a José Sirgado «Dime, ¿cuánto tiempo te podías llegar a pasar mirando este cromo? ¿Te acuerdas?... ¿Y éste?... ¿Y esta orla?...¿Y esta página?...¡Años, siglos... Toda una mañana! Imposible saberlo, estabas en plena fuga... éxtasis... colgado en plena pausa... ¡ARREBATADO! ¡MIRA!»
El tiempo de Warhol es también un tiempo narcótico [infantil y fascinado], vacío de acontecimientos, en el que la realización cero puede estar dirigiéndonos al desvanecimiento de las polaridades del operador de cámara y lo grabado, de lo grabado y lo montado, de lo montado y lo proyectado, de lo proyectado y sus espectadores. Eliminando la realización pareciera que el gran objetivo de registrar la vida tal y como es se hubiera cumplido, sin embargo, otra vez Parker Tyler parece dar en el clavo:
«Aquellas restricciones formales superexplotadas por su estilo original (el tiempo soporífero) conllevan un alejamiento casi puritano de la vida: el fabuloso e inexpresivo sueño de la realidad (...) ¿será que el “comportamiento” de los sujetos alucinados fue siempre el motivo secreto de Warhol? ¿Siempre intuyó la tensión psíquica entre el sopor y las drogas, hasta decidirse a manipularlas? Psicológicamente, es probable que las personas sobrias capten el principio fisiológico contenido en el consumo de drogas y transfieran sus consecuencias, en términos de percepciones visuales, a una película objetivamente dispuesta como un viaje. Por eso, las películas primitivas de Warhol podrían funcionar como antítesis dialécticas, demostrando que aquello que es atrozmente pesado y trivial reclama la debida fórmula de conversión del espectador» [Tyler, 1967e, p. 332]
En las imágenes de Nauman el asunto que se atiende también está fuera del plano; Nauman elabora las condiciones de un ejercicio en el que pone a prueba la atención y la concentración que argumenta cuando dice: «—El problema era hacer el ejercicio a lo largo de una hora -que nunca había sido capaz de hacer. (Había sido capaz de concentrarme tal vez por quince o veinte minutos como mucho; después simplemente descubres que no estás pensando acerca de eso, o te distraes)». [Nauman, 1975d, p.176]
Dejar el diálogo interno, la fluctuación mental, sobrepasar la irritante dificultad inicial para «meterse en ello», para «insertarse en una función cuyo ejercicio prende» [Lacan,1978] para alcanzar la configuración de una situación alucinada alejada de la vida, fuera de sí, apartada, ensoñada, transferida, convertida y cedida a la promesa de que, tras la apariencia de dos personas tumbadas en el suelo, como durmiendo, como ausentes, está ocurriendo algo verdaderamente intenso, un estado imaginario.
Y es que también en la película Arrebato de Zulueta ocurre algo similar cuando el objetivo del cine deja de estar en registrarlo todo para convertirse en un ver que es un viaje, en un convertirnos en la imagen que nos permite o nos hace desaparecer: empieza por un fotograma que lo anuncia y acaba en una película completa de fotogramas rojos. Warhol utiliza un recurso: el «bip» o corte estroboscópico que en medio del viaje de la ensoñación nos hace una advertencia: sólo son imágenes, sólo somos imágenes.
Conocido el vínculo que Iván Zulueta establece con los planteamientos y las formas experimentales del underground neoyorquino o la Nouvelle Vague, Arrebato sintetiza en su propio guión muchos de los puntos que articulan la tesis de Virilio acerca la desaparición del hombre detrás de la cámara —«Pedro se despoja del abrigo (¿o no?), y ritualiza su última entrega, con larga mirada de adiós al tomavistas, incluida» [9]—, la desaparición del espectador en la emergencia de la autonomía de los dispositivos —«... La cámara..., la película..., ¡los objetivos!... No se negaban a captar nada... Eran ELLOS precisamente, los autores de lo que estaba pasando» [10]—, de una conversión necesaria del productor en actor, del espectador en imagen —«...aunque de forma imprevista, y me refiero a que yo no era el filmador, ni el espectador... Era, el actor» [11]—, de la infancia o el carácter narcótico de las imágenes —«...No recuerdo nada de lo que soñé, pero sé que lo hice... cuando desperté esa noche, supe que había vuelto a ocurrir... volvía a sentir esa especie de... abandono» [12]— o —«...Ni yo había elegido el tema a filmar, ni me extasiaba lo más mínimo al verme dormir en la proyección... El placer estaba, del otro lado... y yo me sentía tan bien, que permanecí otros cuatro días como si se tratase de diez minutos» [13]—
De muchos modo el guión de Arrebato resume las derivas desde las que la realización cero hace desaparecer a todos los agentes tradicionales de la producción y la recepción de imágenes transitando desde el registro de la nuda vida —«... si no llega a ser por ti, todavía estaría filmando a mi tía haciendo punto» [14]...—, la vida de los aparatos y las imágenes que desvelan una autonomía casi biológica con ese “clic-clic-clic” que se repite sin cesar en el texto del guión, hasta esa entrega, esa conversión, ese abandono definitivo del hacer para dejarse hacer imagen.

¿No será que ya no es la vida la que se deja capturar en la imagen, sino la imagen la que se ha convertido en el objeto de la nuda vida?
Porque la desaparición de la realización hace que todos podamos ser imagen en cualquier momento, incluso sin conciencia de serlo, somos la potencia de una imagen, somos imagen en riguroso directo, los ceros y los unos de las cámaras automáticas. Porque su carácter virtual y su hasta el momento soporte, las pantallas, hace que seamos permanentemente una potencia de imagen, una virtualidad que en cualquier momento se actualiza para un tiempo más tarde volver al estado letárgico de la posibilidad en el que como imágenes que somos, nos sumimos hasta una nueva actualización.

BIBLIOGRAFÍA
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- Aganbem, G. (1998). «Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida», Pre-Textos, Valencia
- Brea, J. L. (2007). «Cultura_RAM mutaciones de la cultura en la era de su distribución electrónica», Editorial Gedisa, Barcelona, también en http://www.joseluisbrea.net/edicion...
- Butterfield, J. (1975). «Bruce Nauman: The center of yourself» in Janet Kraynak, (Ed.), (2003) «Please pay attention please: Bruce Nauman´s Words, Writings and interviews», The Mit Press, Massachusetts Institute of Technology, Cambridge
- Castaneda, C. (1993). «El arte de ensoñar», Seix Barral, S.A., Barcelona
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- Sarikartal, Ç. (2005). «Shock, mirada y mímesis: la posibilidad de un enfoque performativo sobre la visualidad» [Primera Parte. El cambio de paradigma en los estudios de la historia del arte y estética] en José Luis Brea, (Ed.), «Estudios Visuales. La epistemología de la visualidad en la era de la globalización», Estudios visuales I, Madrid, Akal
- Schimmel, P. (1993). «Pon atención» en Bruce Nauman, catálogo MNCARS, [Madrid, 30 noviembre de 1993 - 21 de febrero de 1994], exposición organizada por el Walker Art Center, Minneapolis, Minnesota
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- Warhol, A. (2008). «Mi filosofía de A a B y de B a A», Barcelona, Ediciones Tusquets.
- Zulueta, I. (2002). «Arrebato. Guión cinematográfico de Iván Zulueta», Madrid, Ocho y Medio, Libros de cine.

Notas

[1] Rosellini, Roberto en Virilio, extraído de «Fragments d´une autobiographie», París, Ramsay, 1987. p. 69
[2] La nuda vida es un concepto desarrollado por G. Agamben en el que cuestiona el carácter de la biopolítica como la gestión política de la vida desprovista de toda cualificación (...) La aportación fundamental del poder soberano es la producción de nuda vida como elemento político original y como umbral de articulación entre naturaleza y cultura, zoé y bios (...)
[3] La repetición y la duración fueron en la década de los 60 dos elementos con los que, músicos como John Cage, Terry Riley, La Monte Young, Philip, Glass, Steve Reich, Meredith Monk, etc. experimentaron para construir acontecimientos perceptivos singulares; la duración generada en base a la repetición lograba fenómenos sensibles como los de la flotación, la suspensión, etc
[4] La traducción es mía
[5] La traducción es mía
[6] Carlos Castaneda trata el asunto de la ensoñación como campo de acciones prácticas, como procedimiento de las enseñanzas de don Juan Matus, un indio yaqui. Le siguen algunos extractos que pueden aclarar algunas de las cuestiones planteadas por Bruce Nauman en Elke Dejando que el suelo se levante sobre ella boca arriba y Tony hundiéndose en el suelo boca arriba y boca abajo:
“(...)El ensueño únicamente puede ser experimentado. Ensoñar no es tener sueños, ni tampoco es soñar despierto, ni desear, ni imaginarse nada. A través del ensueño podemos percibir otros mundos, los cuales podemos ciertamente describir, pero no podemos describir lo que nos hace percibirlos. Sin embargo, podemos sentir cómo el ensueño abre esos otros reinos. Ensoñar parece ser una sensación, un proceso en nuestros cuerpos, una conciencia de ser en nuestras mentes (...)
(...) Los brujos consideran el ensoñar como un arte extremadamente sofisticado -dijo-. Lo llaman también el arte de desplazar el punto de encaje de su posición habitual, a voluntad, a fin de expandir y acrecentar la gama de lo que se puede percibir (...)
(...) A manera de preámbulo a su primera lección en el arte de ensoñar, don Juan describió la segunda atención como un proceso que empieza con una idea; una idea que es más rareza que posibilidad real; la idea se convierte luego en algo como una sensación, y finalmente evoluciona y se transforma en un estado de ser, o en un campo de acciones prácticas, o en una preeminente fuerza que nos abre mundos más allá de toda fantasía (...)
(...) los brujos intentan cualquier cosa que se proponen intentar, simplemente intentándolo (...) esto en relación a cuando Nauman señala la dificultad del ejercicio, porque te distraes, a la dificultad de “meterse en ello” siempre relacionado con ese `fracasa otra vez, fracasa mejor´ de Beckett”.
[7] Lacan en Çetin Sarikartal (...) Lacan se refiere al camuflaje, que es el aspecto esencial del mimetismo, según Callois, para describir el proceso por el que el sujeto se sitúa en el cuadro como una mancha. Lacan subraya que “no se trata de ponerse en concordancia con el fondo, sino, en un fondo abigarrado, abigarrarse” igual que se hace en las tácticas bélicas / imitar es “insertarse en una función cuyo ejercicio le prende”(...)
[8] La traducción es mía
[9] Iván Zulueta, Arrebato. «Guión cinematográfico de Iván Zulueta», op. cit.: SEC. 38 / APTO. PEDRO/ INT./ DÍA, p. 97
[10] Ibid.: SEC. 26 / APTO. PEDRO/ INT./ AMANECER. VOZ CASETE (OFF), p. 89
[11] Ibid.: SEC. 22/ APTO. PEDRO/ INT./ DIA Y NOCHE. VOZ CASETE (OFF), p. 80
[12] Ibid.: SEC. 22/ APTO. PEDRO/ INT./ DIA Y NOCHE. VOZ CASETE (OFF), p. 79
[13] Ibid.: SEC. 24/ APTO. PEDRO/ INT./ DÍA-NOCHE. VOZ CASETE (OFF), p. 81
[14] Ibid.: SEC. 34/ APTO. PISO JOSÉ/ INT./ NOCHE. VOZ CASETE (OFF), p. 91

Thomas Hirschhorn

http://www.martiperan.net/print.php?id=56

En la propia “Declaración de intenciones” con la que arranca el proyecto Musée Precaire Albinet, Thomas Hirschhorn acentúa la necesidad de concebir el rol de las obras de arte – en esta ocasión las que proceden de las colecciones nacionales, pero también el mismo proyecto de Museo Precario – al modo de principios activos, agentes energéticos puestos en juego en el interior de la vida real para que demuestren su capacidad de convulsión y transformación. 

Este es el núcleo poiético de Hirschhorn: exponer las obras a una lucha cuerpo a cuerpo, en el espacio público, con las tensiones y las condiciones de vida para que demuestren su eficacia. La propuesta es radical y conlleva muchas más consecuencias de las que pudieran detectarse a primera vista. En primer lugar, Hirschhorn nos obliga a modificar la convención por la cual la experiencia estética necesita de una mediación, cual fuere, capaz de conducir al espectador desde su emplazamiento ordinario hacía el lugar del arte para revertirla por completo: es la obra de arte quien se desplaza a la esfera pública para lidiar con unas condiciones reales frente a las que deberá demostrar su capacidad de representarlas y transformarlas; por otra parte y en el extremo opuesto del primer argumento, este giro de apariencia discreta, conlleva también un severo correctivo a las convenciones que rodean la idea del arte público, tan a menudo deslizadas hacía una supuesta necesidad de disolución de lo artístico en beneficio de una mayor participación y que ahora Hirschhorn invierte de manera explícita: la auténtica eficacia del arte en el espacio público se produce cuando las obras irrumpen en él, precisamente como obras de arte, en tanto que elementos extraños que sacuden la escena pública y obligan a desplegar toda la potencia de diálogo entre esferas distintas. Hirschhorn, como se apresura a matizar, no es un trabajador social, un animador generoso que ofrece sus habilidades al servicio de una mejora de las condiciones de vida en aquellos lugares sociales en los que interviene. Su propuesta es de un talante bien distinto. Sin tapujo alguno, reivindica su perfil de artista que introduce en el espacio social unos artefactos cargados de potencia significativa para que peleen en la arena social, para que la sacudan y la agrieten mediante un proceso de intercambio que, al fin, devendrá productivo si la contienda es capaz de generar transformaciones imprevistas de antemano.

El Musée Precaire Albinet es, probablemente, el mejor ejemplo de esta suerte de programa estético de Thomas Hirschhorn por la sencilla razón de gravitar sobre la idea del Museo aunque, en realidad, este pudiera traducirse simplemente como un contenedor de monumentos. En cualquier caso, en la medida que el proyecto de Museo Precario concierne a la institución artística de un modo que la revuelve en extremo – hasta el punto que la "precariedad" remite no solo a los materiales sino a la misma vulnerabilidad de la institución museística (5) - el proyecto se convierte en un excelente modelo de práctica instituyente. En efecto, en esta ocasión estamos asistiendo de forma explícita a la articulación de un proyecto museístico otro, distinto por completo del museo tradicional y sus lógicas basadas en el confinamiento del arte.

El Museo Precario, por su parte, se constituye a sí mismo, en primer lugar, mediante un complejo proceso de diálogo y de construcción y, en segunda instancia, en calidad de maquinaria de activación en el interior de la cual, las obras de arte, sin abandonar sus marcos, vitrinas o pedestales, lidian con toda suerte de otros materiales (reproducciones, fotocopias, matrices gráficas,…) y reverberan mediante distintas actividades (talleres, debates, conferencias, excursiones,..) hasta producir formas complejas de interlocución entre distintos regimenes de producción y de recepción. En esta otra tesitura, el museo, aún conservando su función de alojamiento para con el arte, articula una colección de situaciones y experiencias reales que permiten, de forma simultánea, discutir sobre la relevancia del arte y ensayar empíricamente sus potencialidades. En el Museo Precario las obras de arte, aún sin disolverse, adquieren también una naturaleza semejante a la de los materiales de trabajo con los que se construye el propio Museo. Pero la modestia de los materiales habituales en las producciones de Thomas Hirschhorn, cabe recordarlo, responde a la voluntad de conservar la potencia de lo urgente; así pues, la ecuación parece lícita: el horizonte de las obras de arte, en cuanto tales, no es la posteridad sino su efectividad inmediata.

1. "Thomas Hirschhorn. Musée Precaire Albinet. Quartier du Landy, Aubervilliers, 2004". Éditions Xavier Barral. Les Laboratoires d’Aubervilliers. Paris, 2005.
2. Thomas Hirschhorn. "À propos du Musée Precaire Albinet, À propos d’un travail d’artiste dans l’espace public et à propos du rôle de l’artiste dans la vie publique". “Le Journal des Laboratoires”. núm 2. Junio 2004.
3. Alois Riegl." El culto moderno a los monumentos: caracteres y orígen". (1903). Ed. Visor. Madrid, 1987.
4. Véase Benjamin H.D.Buchloh. "An Interview with Thomas Hirschhorn". “October “113 (Verano, 2005).
5. Véase sobre esta cuestión Rachel Haidu. "The imaginary space of the wishful other: Thomas Hirschhorn’s Cardboard Utopias". “Vector X.” #4. Enero 2006




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http://www.revistasculturales.com/articulos/imprimir/6/arte-y-parte/440/thomas-hirschhorn-la-otra-suiza.html



Estética sin belleza
Esas son las instalaciones de Hirschhorn, lugares de deriva, de acumulación y desorden, radicalmente alejadas de cualquier complacencia con lo bello, lugares sin composición, sin "armonía". "Debemos defender la belleza contra el capitalismo", una afirmación paradójica en un artista que trabaja en el ámbito del "bricolaje" ínfimo, en la estética casual de la barricada o de la hoguera, que hace acopio de sistema constructivos provisionales, como la cinta de empalme o el plástico. Parece decirnos, como Brecht: debemos dejar de lado la belleza hasta que en el horizonte no aparezca la justicia.
 
De cualquier forma, ya que el capitalismo de la información pretende mantener encerrada la actividad artística en el terreno inofensivo de la estética, artistas como Thomas Hirschhorn han debido avanzar un paso más en una estética sin belleza. Una vez que el arte del desperdicio, surgido con Schwitters y que se prolongó hasta el arte povera, ha sido engullido en el contexto museístico y el mercado, la simple exhibición del desperdicio ha perdido su mordiente política. En este sentido más que "feístas", las instalaciones del artista suizo se aproximan al terreno de lo "precario", frágil y transitorio, como metáfora de resistencia extrema. La resistencia de lo que dentro de dos semanas ya no "estará", peroque durante este tiempo ha sabido funcionar como aglutinador.
 
Las referencias de Hirschhorn se encuentran en el constructivismo de El Lissitzky y el dadaísmo de Johannes Baader, en ese punto inestable entre nuevo orden estético y orgía destructora que parecía irreconciliable en los años diez y veinte del siglo pasado, pero que la distancia histórica y el estudio de los archivos han hecho mucho más compatible. [ 3 ] La figura desdibujada de Schwitters encarna muchas de estas supuestas contradicciones que ahora somos capaces de interpretar como lógicas de un discurso complejo. Por ejemplo, el discurso de la Historia del Arte en el interior del Museo: imaginemos a dos aficionados al arte contemporáneo. Uno de ellos visita asiduamente museos, galerías y subastas, mientras que el otro se limita a leer ensayos y documentos, y no sale de su casa más que para asistir a algún seminario en el que se debate los mismos temas sobre los que lee. Si les pedimos a ambos que valoren la figura de Kurt Schwitters, el primero seguramente hablará de la elegancia precaria, la exquisitez "pobre" de los collages Merz que ha podido admirar en los más prestigiosos museos. El segundo, que sólo conoce estos collages a través de reproducciones de libros y revistas, hablará con emoción de otras obras, de la poesía fonética, la poesía a secas, del Merzbau , de la utopía de una escenografía de desperdicios - Merzbühne - de diseño gráfico, de música y "ruidismo", de documentación y de autobiografía como obra de arte, de obra en el campo político de la construcción. Un mismo artista y dos visiones perfectamente enfrentadas. Con Hirschhorn puede pasar algo parecido. En ensayos y revistas comprometidas con los nuevos rumbos del arte político, su nombre eguramente aparecerá como imprescindible, su alternativa de una objetualidad precaria frente a los presupuestos antiobjetuales de la estética relacional y su idea de "no hacer un arte político, sino trabajar políticamente", permitirán que su obra aparezca como paradigma de las nuevas actitudes; mientras que si consultamos las curvas de cotizaciones de Christie's o Sotheby's o su presencia en los más prestigiosos museos, podremos comprobar cómo su protagonismo baja ostensiblemente.

Thomas Hirschhorn: Jumbo Spoons and Big Cake, 2000.
No faltará quien opine que Thomas Hirschhorn se ha hecho famoso manejando conceptos radicales y presentándolos en la selva mediática como un espectáculo más, que su opción por un arte político no deja de ser el resultado de la atención que los agentes artísticos y las instituciones muestran por él, y que sus instalaciones no son sino precarias formas de decoración del compromiso político. Hirschhorn viene a decir que el espectáculo es la muerte absoluta, el oscurecimiento de la cultura, y frente al espectáculo, el arma es la información , el acceso al archivo de lo real.

NOTAS
  • [ 1 ] Ambas expresiones reproducen el título de exposiciones sobre arte suizo. La primera, Suiza constructiva , dedicada al diseño, pintura y arquitectura de orientación racionalista, fue comisariada por Patricia Molins y se presentó en el MNCARSentre febrero y mayo de 2003. La segunda, Suiza visionaria , comisariada por Harald Szeemann para la Kunsthausde Zúrich, se presentó también en el MNCARS entre marzo y mayo de 1992 y reunió los restos, a menudo olvidados,de la tradición romántica suiza.
  • [ 2 ] Patricia Falguières, " Merzar el mundo ", texto en el catálogo Thomas Hirschhorn, United Nations miniature , CAC Málaga, septiembre-noviembre de 2003, pp. 46-47.
  • [ 3 ] Andrei Nakov, Dada-constructivism: the Janus Face of the Twenties , Annely Juda Fine Arts, Londres, 1984, pp. 7-32. Ver también A. Nakov, "La revelación elemental" y Simón Marchán Fiz, "Las dos caras de Jano: entre la estética del caos y la sublimación del orden", ambos en Dada y Constructivismo , cat. de la exp. en el Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1989, pp. 13-36.

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Debate crítico alrededor de la Estética Relacional

Debate crítico alrededor de la Estética Relacional

marcela prado

El éxito del libro Estética Relacional ha sido casi tan alto como la cantidad de críticas que ha provocado. Desde su publicación en 1998, Estética Relacional se ha constituido como un texto de gran influencia para una nueva generación de artistas, críticos y curadores, al proponer una re-definición del arte contemporáneo, de sus términos y condiciones políticas. De igual modo, dentro de los círculos de crítica y debate del arte contemporáneo, dicha publicación ha tomado una posición privilegiada debido a su pretensión de dar una caracterización de lo que es nuevo en el panorama artístico contemporáneo. De esta forma, aunque Estética Relacional nunca ha estado exento de duras críticas –algunas de ellas bien fundamentadas teóricamente- lo notorio es que siempre termina por hacérsele referencia: ya sea por parte de sus defensores como de sus detractores, ha sido un texto ampliamente referenciado y debatido en la escena artística actual, adoptando una posición central en el debate acerca de la dirección y el valor del arte.

 Las opiniones respecto a Estética Relacional son de lo más variadas. Algunas optan por una posición neutral, como la de la crítica de arte María Lind[1], quien reconoce la estética relacional como una de las construcciones teóricas más influyentes pero, a la vez de las más polémicas en el tema de la colaboración en el arte contemporáneo, que ha sido debatida extensamente a mediados de los años noventa en Escandinavia, Francia y Países Bajos, y posteriormente -con una tardía pero intensa recepción- en el Reino Unido y los Estados Unidos.

Otras opiniones son más incisivas, como la del teórico Hal Foster [2], que describe el libro de Bourriaud como “textos poco precisos” y “breves glosas” que hacen referencia a unas determinadas piezas artísticas sin ninguna atribución adicional, o la de crítico de arte Philippe Dagen[3], quien textualmente dijo: “Parece inmediatamente obvio que Bourriaud quiere estar de acuerdo con el mayor número posible de autoridades. Por lo tanto, invoca a Marx, Valéry, Blanchot, Foucault, Baudelaire, Benjamin, Gombrowicz, Nietzche, Althusser, Bataille, Lyotard, Barthes, Debord, Lévi-Strauss y Guattari.

El eclecticismo del autor parece ilimitado”. A su vez Damien Sausset, también desde la crítica de arte, afirma sobre las publicaciones de Bourriaud: “Pocas obras críticas están tan llenas de destellos de ideas que a uno le gustaría mucho ver profundizadas y desarrolladas. […] Pocos libros, también, son tan molestos con sus discursos sin salida, su apropiación de ciertas ideas ajenas y su obstinada voluntad por convencer a los lectores, especialmente a través de una ecléctica forma de citar, que constantemente raya en lo pedante”[4].

Las críticas a Estética Relacional, no obstante, no se han reducido a breves referencias o comentarios aislados, sino que numerosos escritos han sido dedicados a comentar y debatir su argumentación, publicados en diversas revistas de crítica de arte y otras publicaciones especializadas. De este modo, a lo largo de estos últimos quince años se ha ido conformando un ambiente de debate crítico alrededor de Estética Relacional, donde los argumentos de Nicolas Bourriaud han sido puestos en cuestión a partir de diferentes visiones, tanto estéticas como políticas. Brindar un panorama general de las críticas más elaboradas que se han hecho a Estética Relacional es el objeto de este ensayo.


Antagonismo y Estética Relacional: la crítica de Claire Bishop

Una de las críticas más reconocidas hecha a la estética relacional fue presentada en 2004 por la historiadora y crítica de arte Claire Bishop en la revista October con el título “Antagonism and Relational Aesthetics”[5]. El ensayo de Bishop manifiesta una fuerte postura en contra de los postulados de Nicolas Bourriaud y, si bien este ensayo ha recibido a su vez diversas críticas, lo cierto es que ha representado una postura claramente antagónica a Estética Relacional, a partir de la cual otros autores han comenzado a expresar sus opiniones.

En la primera parte de su ensayo, Bishop manifiesta su postura general respecto al panorama artístico de los noventas y la actualidad, dirigiendo sus críticas hacia la actitud –por llamarla de alguna manera- adoptada por Nicolas Bourriaud y los artistas relacionales, que se refleja no solamente en el estilo de sus obras y proyectos, sino en las políticas mismas de los centros culturales que las acogen, como ha sido el Palais de Tokyo. Sin embargo, la discusión central de su ensayo apunta a la necesidad de evaluar los aspectos políticos y éticos que tanto promulga Nicolas Bourriaud, a través de cuestionar el tipo de relaciones resultantes de las obras relacionales; en vista de que Nicolas Bourriaud ha afirmado en más de una ocasión que el sentido de existencia y el criterio para evaluar el éxito el arte relacional es la creación de relaciones, Bishop considera que la siguiente pregunta que debiera formularse es “¿qué tipo de relaciones están siendo producidas, por quienes y por qué?”. Para la autora resulta lógico querer indagar a este respecto, sobre todo porque desde la estética relacional nunca es problematizada la calidad de las relaciones que crea. Al contrario, parece que se asume sin ningún reparo que todas las relaciones que permiten el diálogo son automáticamente democráticas y por lo tanto buenas. Una fuerte argumentación en contra de esta asunción es el núcleo del ensayo de Bishop, fundamentada en las ideas de los sociólogos Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, particularmente en el concepto de antagonismo de dichos autores, de ahí el título de dicho ensayo.

Para Laclau y Mouffe, en una sociedad democrática existe el debate y la discusión, y las relaciones de conflicto son sostenidas, no eliminadas. En este contexto, el antagonismo es un elemento central ya que permite a nuevas políticas fronterizas estar emergiendo y oponiéndose continuamente al cierre definitivo del orden social. Desde su perspectiva, los conflictos y antagonismos sociales pueden entenderse como la imposibilidad de la sociedad de constituirse completamente a ella misma, pero también como la condición de posibilidad para la existencia de una democracia pluralista; no se trata de una aceptación pesimista de un punto muerto en la política, sino entender cuan conveniente es la existencia de cierto grado de tensión entre el imaginario utópico y los aspectos pragmáticos de la actividad social, sin caer en el totalitarismo.

Partiendo de estas ideas, Bishop considera que la propuesta de Bourriaud es insuficiente al considerar solamente una idea de comunidad basada en la unión y la cordialidad inmanente. En las microutopías planteadas en la estética relacional falta el otro lado, es decir, la fricción y el conflicto. El arte relacional ciertamente invita a la creación de comunidades temporales, pero en la mayoría de los casos no se trata de agrupaciones heterogéneas sino de un grupo con los mismos intereses, que se mueven en los mismos círculos sociales, trayendo como resultado solo “chismes del mundo del arte, reseñas de exposiciones y flirteo”. El hecho de que existan buenas relaciones no es en absoluto desdeñable, pero esto no es en sí mismo un emblema de democracia.

Tomando como ejemplo algunas obras de arte relacionales, Claire Bishop cuestiona fuertemente su interés por la convivencia basada exclusivamente en el consenso, hecho que, desde su punto de vista, resta importancia a las tensiones y conflictos usuales en las sociedades. Respecto a la obra Untitled (Tomorrow is another day) [1996] de Rirkrit Tiravanija, y a los comentarios de que esta obra ofreció “una especie de asilo para todo el mundo” Bishop considera necesario preguntar quién es todo el mundo en este contexto porque si bien la obra de Tiravanija consiguió una microutopía de convivencia, igualmente sigue basada en la exclusión de aquellos que potencialmente estorben o puedan impedir su realización, por ejemplo, personas indigentes que de verdad estén buscando un asilo para pasar la noche. El problema de fondo diagnosticado por Bishop es que todas las relaciones planteadas a partir de las obras de arte relacional son, o deben ser, fundamentalmente armoniosas y no hay espacio contemplado para lo antagónico. Por tanto, su carácter político se reduce al mínimo, interesante solamente por fomentar el diálogo en lugar del soliloquio, e incluso podría ser hasta confundido con una pieza para el mero entretenimiento, salvo por el hecho de que está dentro de una galería formal.

Frente al fracaso de los artistas relacionales para hacer obras verdaderamente democráticas, Bishop considera que la obra de artistas como Thomas Hirschhorn o Santiago Sierra posee un planteamiento sin duda más democrático que la estética relacional, dado su énfasis en mostrar el antagonismo como componente importante de la vida social. La obra de estos artistas, tal y como es descrita por Bishop, está marcada por la generación de sensaciones de inquietud y disconformidad en vez de bienestar y pertenencia. Ya que reconocen la imposibilidad de una microutopía, prefieren reflejar las tensiones sociales existentes, recreándolas en la obra misma al introducir, por ejemplo, colaboradores de diversas clases económicas; el antagonismo no se expresa a través de la armonía social sino “exponiendo lo que es reprimido al sostener la apariencia de esta armonía”. A diferencia de Tiravanija y otros artistas relacionales que prefieren mantenerse en sus “posiciones de confort” con relaciones cordiales y armoniosas, Hirschhorn y Sierra apuestan por una experiencia artística más adecuada al sujeto y a la sociedad actual, en su carácter dividido e incompleto, que permiten repensar la cuestión de lo relacional.

Bishop no pretende entrar en la discusión de si la obra de Hirschhorn y Sierra es mejor que la de los artistas referidos en Estética Relacional. Lo importante en todo caso es, que si las obras relacionales son justificadas a partir de juicios morales y éticos, ésta debería ser una consideración seria y no calificar dichas piezas como democráticas tan a la ligera. La postura de Bishop es clara: no es suficiente con simplemente decir que la activación del espectador es un acto democrático en sí, ni tampoco afirmar que entre más abierto sea el final de la obra y se solicite más participación, la obra será más democrática. Es definitivamente un reto el analizar las condiciones actuales de presentación y recepción del arte contemporáneo teniendo en cuenta la posición subjetiva que cualquier obra presupone, las nociones democráticas que defiende, y cómo son manifestadas en nuestra experiencia de la obra.

Es importante hacer una última puntualización respecto de la aplicación que Claire Bishop hace del concepto de antagonismo. Es cierto que Laclau y Mouffe abogan por una mayor diferencia y desacuerdo en el ambiente político y reconocen el antagonismo como un elemento constitutivo del campo político. Sin embargo, un análisis más detallado de la teoría particularmente de Chantal Mouffe nos deja ver que en realidad propone un modelo agonista, donde los adversarios comparten un espacio simbólico común en el que puede desarrollarse el conflicto y donde no se cuestiona el derecho del otro a defender sus ideas. Mouffe justamente pretende ir más allá del antagonismo: evitar posiciones dualistas y la manera de evitarlo es justamente la creación de una esfera pública agonista, no antagonista.

Esta precisión en los términos produce variaciones verdaderamente importantes. Un ambiente político o social agonista implica la categoría de adversario –diferente a la figura de enemigo- con el que se tiene un intercambio constante marcado por el conflicto, y sin embargo se reconoce la coexistencia de diferentes proyectos políticos, condición indispensable para el ejercicio efectivo de la democracia. Desde esta perspectiva, entonces, se mantienen relaciones de pugna con un oponente o adversario que posee una existencia legítima y no con un enemigo que se pretende destruir, lo que corresponde a un estilo puramente antagónico. Sólo en situaciones en las que los conflictos no pueden adoptar una forma agonista, entendida como una lucha entre adversarios, es que se adopta un modo antagónico en donde el oponente es percibido como alguien malo o dañino y la intención es que sea eliminado.

La ausencia de estas reflexiones posteriores de Chantal Mouffe en el ensayo de Claire Bishop es manifiesta y sólo podemos suponer que pudo deberse a que el concepto pluralismo agonista (término ni siquiera mencionado por Bishop) es planteado por Mouffe en libros como El retorno de lo político (1993) o el más reciente En torno a lo político (2005), ambos textos posteriores a los que Bishop cita en su bibliografía*. Cabe aclarar, no obstante, que al menos El retorno de lo político es anterior a la publicación del ensayo de Bishop en el 2004. Desconocemos las razones específicas que llevaron a Bishop a tal interpretación de la teoría social de Laclau y Mouffe. Sin embargo, como bien remarca María Lind, un mayor conocimiento de la teoría de Mouffe provocaría que la discusión respecto a la estética relacional se condujera de una manera diferente y de hecho, “discutir ciertas obras de Tiravanija y Gillick en términos de ‘relaciones agonistas’ podría ser sorprendentemente gratificante”[6].


La crítica cultural y política de Third Text La revista inglesa de crítica cultural Third Text ha sido un espacio que ha permitido a varios teóricos y estudiosos del arte contemporáneo presentar sus puntos de vista respecto a una infinidad de temáticas culturales, y la Estética Relacional no ha sido la excepción. A este respecto, llaman la atención los ensayos “The Delicate Essence of Artistic Collaboration” (2004)[7] de Stephen Wright, “Towards a Politics of (Relational) Aesthetics” (2007)[8] de Anthony Downey y “Critique of Relational Aesthetics” (2007)[9] de Stewart Martin. Los tres autores comparten una visión más orientada hacia la política, desde la cual se analiza el concepto de estética relacional y problematizan hasta qué grado las prácticas relacionales verdaderamente están ofreciendo una alternativa frente a las relaciones capitalistas.
La argumentación del crítico de arte Anthony Downey gira en torno a la invitación a revisar el potencial político de las prácticas relacionales en vista de que éstas se sugieren como posibles transformadoras de lo social y porque, desde el discurso de Bourriaud, se constituyen como actividades políticas, no solo porque se concentran en la esfera de las relaciones humanas –que ya es de por sí una esfera política- sino sobre todo porque buscan originar las condiciones donde nuevas relaciones humanas puedan ser articuladas. Es necesario, por tanto, discutir los aspectos prácticos de la estética relacional, a fin de conocer hasta qué punto las prácticas relacionales funcionan en oposición al sistema económico y evitan las relaciones propias del sistema neoliberal. Downey expone claramente su preocupación al decir: “Si las prácticas de arte relacional están efectivamente reflejando o utilizando canales de relaciones intersubjetivas, entonces hay una necesidad de preguntar si están o no están aplicando las ya invasivas prácticas de la mercantilización neoliberalista tanto en el llamado ámbito privado y, subsecuentemente, al espacio intersticial relacional entre el arte, las instituciones y su público”.

Es importante analizar estas cuestiones si reconocemos que el espacio público y privado ha sido cada vez más erosionado, no solo por las demandas de consumismo globalizado y la comercialización de cada uno de nuestros deseos más íntimos, sino también en la práctica curatorial. Este hecho es central en la discusión de Downey ya que el arte relacional ha aprovechado, incluso promovido, los momentos en los que se confunde el espacio institucional y el público. Es necesario, por tanto, enmarcar estos movimientos dentro de un momento de privatización e institucionalización de la actividad pública y privada y, como bien destaca Downey, “delinear cuidadosamente el grado hasta el cual tales prácticas ofrecen una crítica (o, para Bourriaud, una alternativa) a estos procesos, o simplemente reflejan su ubicuidad”.

Downey señala que su intención no es sugerir que los artistas mencionados por Bourriaud están de alguna manera ligados al sistema capitalista o que fomentan relaciones basadas en el servicio. No obstante, le parece importante destacar que las tesis de Bourriaud definen las prácticas relacionales a partir de una hermenéutica utilitaria en lugar de una contemplativa y de que su valor político tiende a ser defendido por encima de su valor como objeto estético. Esta urgencia por lo práctico y lo inmediato, manifiesta en los argumentos de Bourriaud, puede ser también interpretada como una “confianza encubierta” en una visión del arte en términos instrumentalistas o en términos de praxis en donde, por medio de acciones, se trata de influir en el espectador y hacer que éste actúe consecuentemente. No puede criticarse a Bourriaud por revivificar una visión idealista del arte como práctica, no obstante el autor considera necesario advertir que con tales argumentos se está cayendo en un proceso de reificación, al presentar una abstracción ética como si tuviera una existencia concreta o política directa. En otras palabras, la mera argumentación de Bourriaud no es suficiente para hacer que la participación de la audiencia en estas obras sea tomada como un elemento con valor político.


De igual manera, Downey insiste en que proposiciones tales como que las prácticas de arte relacional producen relaciones humanas de una naturaleza diferente a las relaciones que asociamos con el mundo neoliberal necesitan ser confirmadas antes de ser hipotetizadas y términos de uso recurrente como convivencia, democracia, diálogo y el concepto de política mismo necesitan ser considerados más extensamente a fin de poder diferenciar las políticas de la estética relacional de los procedimientos de adquisición de servicios en un entorno neoliberal y globalizado. Es por esto que el autor invita, en posteriores acercamientos, a avanzar en un marco ideológico dentro del cual se pueda discutir una política de la estética contemporánea y la recepción de las prácticas de arte relacional.

El filósofo y crítico de arte Stephen Wright va un paso más allá que Downey y directamente califica las obras de arte relacional como una serie de prácticas “intelectual y estéticamente improvisadas” en las que los artistas salen al mundo exterior, proponen actividades o servicios que los espectadores no les han solicitado o los involucran en una interacción frívola, para luego apropiarse, como su obra de arte, de la más mínima labor que éstos hayan realizado, a veces incluso de manera involuntaria. Lo que está sucediendo realmente es una reproducción, dentro de la economía simbólica del arte, de las relaciones de expropiación basadas en la clase que Marx encontró dentro de la economía general: en este caso los artistas poseen el capital simbólico mientras que los espectadores trabajan y son usados para fomentar la acumulación de más capital. Wright encuentra en este tipo de relaciones sobre todo una “ridiculización cínica del término colaboración” aunque los espectadores sean a veces descritos como ‘co-autores’.

Desde su perspectiva, la corriente dominante de arte contemporáneo, incluyendo al arte relacional, propone modelos ‘experimentales’ de interacción subjetiva, pero éstos más bien parecen reconfigurar y repetir la ideología dominante. Los artistas tampoco actúan de manera autónoma con modelos autogobernados ni ayudan a sus espectadores a ser más libres, sino por el contrario, los llevan eventualmente a identificarse con el modelo dominante.

Por su parte, el filósofo Stewart Martin concuerda con críticas anteriores elaboradas a la estética relacional que han cuestionado la atribución de un carácter político a partir de sus cualidades de apertura y relacionales o por presentar una visión simplista de la vida social dejando de lado el antagonismo necesario para la vida política. No obstante, Martin insiste en que aún no se ha elaborado una crítica a los verdaderos fundamentos de la propuesta de Bourriaud: “una crítica de la economía política del intercambio social que está implícitamente propuesta en Estética Relacional”. Si el arte relacional promete un intercambio que nos libera del estilo capitalista, Martin insiste en la necesidad de revisar cómo es que esto sucede, “cómo la forma del arte relacional se relaciona con, o se opone a, la forma mercantilista o la forma del valor (comercial)”. El autor se propone justamente a hacer este análisis crítico, así como destacar las profundas limitaciones de la concepción del arte como forma de intercambio social propuesta por Bourriaud y, de este modo, explicar por qué esta idea es automáticamente reversible hacia la estetización del intercambio capitalista.

Para elaborar su argumentación, Martin considera menester tener en cuenta el tema de la mercantilización y tratar de responder, antes que nada, de qué manera la forma de intercambio social del arte relacional se relaciona con la forma de intercambio capitalista y cómo la forma de arte relacional resiste la forma del valor, cuestionamientos que Bourriaud no ha dejado claros en ningún momento. En efecto, la respuesta a estos cuestionamiento nunca es abordada de manera directa en Estética Relacional y sin embargo se describe al arte relacional como esencialmente crítico con la cultura capitalista, resistiéndose al valor de cambio al ser obras que no se pueden atesorar o comercializar, como momentos para experimentar. Lo que se puede inferir a través de diversas afirmaciones de Bourriaud, es que el arte relacional se mantiene alejado o desconectado del valor de cambio a través de una actitud antipática hacia la economía capitalista, esto es, a través de la subordinación de los objetos estéticos a las relaciones entre las personas y la subordinación del objeto artístico a la práctica artística.

Bourriaud propone como solución a la alienación social una transposición de la idea marxista del fetichismo mercantil: si las relaciones sociales han sido opacadas por las mercancías fetichizadas, es necesaria una reafirmación de las relaciones sociales entre personas como una manera de rechazar u oponerse a las relaciones mercantiles o con los objetos. Sin embargo, aunque en apariencia Bourriaud está de acuerdo con la crítica marxista al fetichismo mercantil, basa sus argumentos en una idea fundamentalmente errónea: pensar que los objetos mismos son los que causan la “trampa de reificación” y que la manera de evitar dicha trampa es mediante la afirmación de las relaciones sociales. Este razonamiento solo indica que Bourriaud está atrapado dentro de la misma lógica capitalista y sigue atribuyendo cualidades especiales a los objetos materiales. Pensar que la fuente del valor está en los objetos y mercancías es justamente el error que Marx denomina fetichismo y Bourriaud cae en una forma común de fetichismo político que lleva a pensar que deshacernos de los objetos o las mercancías elimina por consiguiente el intercambio capitalista. Esta es la misma ideología que conduce a afirmaciones erróneas como que la economía de servicio de la sociedad post-industrial ha provocado algunas transformaciones en la forma de valor cuando sucede justo lo contrario: en la economía de servicio, la mercantilización del trabajo es más directa y explícita. Si entendemos el fetichismo de este modo, ya no será tan fácil caer en ideas ilusorias de que la simple afirmación de lo social dentro de las sociedades capitalistas es un acto crítico con el intercambio capitalista, simplemente lo expone directamente frente a nosotros, es una muestra más dentro de lo que ocurre día a día.

La postura de Bourriaud sin embargo permanece anclada en una especie de fetichismo social porque, bajo esta luz, sus microutopías se parecen mucho a amistosas formas mercantiles de atención al cliente. Martin advierte que sin una explicación clara de cómo las relaciones sociales propuestas por la estética relacional se alejan de la vida capitalista, el riesgo es simplemente convertirse en el otro lado de la moneda: “Sin una crítica inmanente de la formación capitalista de la vida, los sueños respecto a lo alternativo son propensos a ser inofensivos o inconcientemente miméticos”. Bourriaud es traicionado por sus propias ideas ilusorias que lo hacen dar interpretaciones excesivas y alabar las piezas de arte relacional solo porque implican interacción social, mientras queda ciego a la forma mercantilizada y objetificada de dicha interacción. Martin contrasta los casos de artistas como Vanessa Beecroft, Felix González Torres y Rirkrit Tiravanija con las interpretaciones de Bourriaud sobre sus obras y considera cómico que las califique como intersticios sociales; es cierto que hay interacción social, pero a veces la gente interactúa realizando acciones de consumo, como comer la pila de dulces o recibir un servicio. También es cierto que la obra es compuesta por la interacción social, lo cual es congruente con las premisas básicas de Estética Relacional pero, no obstante, lo que está sucediendo ahí es difícilmente un dominio aparte del intercambio capitalista. Respecto a la emblemática pieza Untitled (1992) de Tiravanija, Martin comenta: “Un fuerte sentido de intersticio social es evidente aquí, quizá. Sin embargo, las relaciones sociales que esta obra expone son en última instancia aquellas que hacen que la galería funcione como un vendedor de mercancías estas no están desconectadas del capitalismo, sino que simplemente son puestas al descubierto”.

Martin no pretende elaborar una crítica directa a estos artistas sino señalar que las limitaciones y errores que posee el concepto de estética relacional también son aplicados a las interpretaciones que Bourriaud hace de dichas obras. Estas piezas y otras de arte contemporáneo podrían ser interpretadas mejor bajo los términos de una teoría dialéctica de la mercantilización y el arte haciendo que la ambivalencia de González-Torres y Tiravanija pueda ser vista como “una presentación precisa de las contradicciones de un arte del intercambio social; no tanto como una micro utopía sino como una crítica inmanente de las relaciones de intercambio capitalistas”.

Chat Rooms: La crítica de Hal Foster
El teórico y crítico de arte Hal Foster presenta su postura ante la estética relacional a través de su texto “Chat Rooms”[10] una reseña-crítica a los textos Estética Relacional y Postproducción de Nicolas Bourriaud y Entrevistas de Hans Ulrich Obrist que nos da la oportunidad de conocer las ideas de Foster respecto de algunas obras catalogadas como arte relacional, pero sobre todo, de la manera como se habla de éstas, discutiendo algunos de los argumentos de presentados en dichos textos. “Chat Rooms” muestra, sobre todo, las reservas de Foster acerca de la retórica optimista que se ha desarrollado alrededor de la colaboración y la participación en el mundo del arte. Concretamente de la propuesta teórica de estética relacional, Foster identifica varios problemas. El primero es la atribución –no suficientemente reflexionada- de un carácter político determinado a una serie de obras solo por su carácter abierto y discontinuo. El error consiste en hacer la insostenible analogía entre una obra abierta que da posibilidad a diversas interpretaciones y una sociedad inclusiva, “como si una forma poco metódica pudiera evocar a una comunidad democrática, o una instalación no jerárquica predijera un mundo igualitario”. Una potencialidad del arte es justamente la posibilidad de tomar partido a favor de algo, adoptar una posición que comprenda aspectos cognitivos, críticos y estéticos. Y tal y como él lo entiende, la falta de forma en la sociedad puede ser una condición para luchar o un motivo de resistencia y reflexión artística, más que de celebración dentro del arte.

Al mismo tiempo, la continua solicitud de participación al espectador debería ser un punto a reflexionar en el arte relacional, es decir, preguntarnos en qué momento la solicitud de reactivar al espectador es una carga muy grande para él o lo conduce a una interpretación ambigua de la obra. Foster advierte de que los intentos por involucrar directamente a la audiencia conllevan el riesgo de que la obra resulte ilegible, “lo que podría reintroducir al artista como figura principal y exegeta primordial de la obra”, siendo en vano la participación, porque el participante vuelve a quedar en segundo plano. Es importante no perder de vista que “la muerte del autor” no trae automáticamente “el nacimiento del lector”, en todo caso podría conducir al “desconcierto del espectador”.

Las paradojas del arte político: la crítica de Jacques Rancière
Sin duda, el filósofo Jacques Rancière ha realizado importantes reflexiones y, en más de una ocasión, también fuertes cuestionamientos respecto a los aspectos políticos que rodean a todas aquellas expresiones artísticas que aspiran a lograr una transformación social. Tal es el caso de su ensayo “Las paradojas del arte político”[11] –incluido en su más reciente libro El espectador emancipado- donde discute, entre otros ejemplos, el caso de la estética relacional, por lo que sus reflexiones en este texto pueden ser tomadas como una crítica a la propuesta de Bourriaud.

Rancière comienza su ensayo reconociendo la marcada vocación política y la necesidad de “responder a las formas de dominación económica, estatal e ideológica” del arte de las últimas décadas. La forma en que abordan tales temas, no obstante, no es una sola, sino que existen una infinidad de formas divergentes, incluso contradictorias o paradójicas: algunos artistas realizan ataques directos hacia lo que consideran las estructuras de poder, otros se esfuerzan por focalizar la mirada del espectador en pequeños detalles y otros se insertan en la trama social a fin de hacer manifiesta una determinada realidad. Lo importante, en todo caso, es la manifestación de una voluntad de repolitizar el arte, expresada a través de estrategias y prácticas muy diversas. Dentro de este panorama, el autor considera a la estética relacional como un intento por suprimir el espacio entre “un arte productor de dispositivos visuales y una transformación de las relaciones sociales”, manifiesto en el hecho de que sus obras se presentan directamente como proposiciones de relaciones sociales. Y en efecto, una de las ideas centrales de la propuesta relacional es que los artistas evitan casi en su totalidad la producción de objetos para la mera contemplación y en cambio se enfocan a la producción de relaciones con el mundo y con sus espectadores, modelando nuevas formas de relación y de hacer comunidad que pueden aparecer tanto en el museo como en la vida cotidiana. Rancière advierte que tales esfuerzos por equiparar el espacio museístico con la vida social pueden derivar en la banalización y limitar su eficacia a la mera presentación de un acto ejemplar o subversivo dentro del museo. Afirma: “la dispersión de las obras de arte en la multiplicidad de las relaciones sociales sólo vale para ser vista, ya sea que lo ordinario de la relación en la que no hay ‘nada que ver’ esté alojado de manera ejemplar en el espacio normalmente destinado a la exhibición de las obras; o bien, a la inversa, que la producción de vínculos sociales en el espacio público se vea provista de una forma artística espectacular”. El prestigio que han adquirido dichos encuentros por el mero hecho de ocupar un espacio dentro de una sala de exposición remite, en cierto sentido, a la vieja lógica representativa ya que para Rancière “la importancia del lugar ocupado en el espacio museístico sirve para demostrar la realidad de un efecto de subversión en el orden social, así como la monumentalidad de los cuadros de historia demostraba antaño la grandeza de los príncipes cuyos palacios decoraban”.

De igual modo, Rancière considera que las piezas relacionales defendidas por Bourriaud se presentan como “la realización anticipada de su efecto”, al presentar como la obra misma aquello que idealmente sería su objetivo final: momentos de colaboración y convivencia debido a un cambio en la manera en la que las personas se relacionan. Sus esfuerzos, no obstante, pueden quedar en la mera representación espectacular o incluso, convertirse en una especie de parodia de aquello que buscan conseguir.

Sin embargo, lo más destacado para Rancière de estas expresiones artísticas es la anulación o la ausencia de toda distancia estética –“la suspensión de toda relación directa entre la producción de las formas del arte y la producción de un efecto determinado sobre un público determinado”- que es justamente la que proporciona la verdadera potencia política del arte. Al igualar la realidad de la acción social con la realidad del arte, efectivamente se elimina toda divergencia entre ambos escenarios pero desafortunadamente también desaparece “la singularidad de las operaciones por las cuales la política crea un escenario de subjetivación propia”, hecho que la definía como una experiencia de disenso capaz de figurar en el panorama político. Para Rancière, “un arte crítico es un arte que sabe que su efecto político pasa por la distancia estética”, aunque no tenga garantizado su efecto en la audiencia, pero que en cambio elige las tensiones y entrelazamientos de su obra con las potencialidades de sus espectadores. Para el autor, este no es el caso de la estética relacional.

La estética relacional y el espacio social: la crítica de Joe Scanlan


En el año 2005 el artista estadounidense Joe Scanlan presentó un particular ensayo titulado “Traffic control: Joe Scanlan on social space and relational aesthetics”[12], donde comenta, entre otras cosas, su experiencia como espectador frente a algunas exhibiciones importantes de los años noventas, hecho que hace interesante su propuesta, ya que aborda la estética relacional desde su experiencia sensorial como espectador y no desde ninguna teoría en particular. Declarándose asistente regular de buena parte de los eventos artísticos de la última década, incluyendo algunos de los que posteriormente han sido denominados como momentos claves de la estética relacional en los noventas, Scanlan es muy claro al describir una sensación de normalización recurrente en dichos eventos: Una u otra vez, me encontraba en una sala llena de gente con ninguna obligación más que apreciar el momento, con todo y que el grupo siempre había terminado intercambiando bromas o planeando una cena (si nadie la había servido) en lugar de obsequiar sus posesiones, romper a cantar o destrozar el lugar.

A diferencia del arte de los sesentas y setentas en donde había una idea clara de la dirección o del propósito del performance que se estaba celebrando y donde los espectadores terminaban haciendo algo, Scanlan encuentra que la experiencia con las obras relacionales es mucho más vaga, en la que no queda nada claro qué es lo que hay que hacer o que se puede esperar de tal encuentro. La consecuencia de eliminar todas las restricciones habituales de los espacios al estilo cubo blanco y dejar la obra de arte en manos de todos los asistentes da pie a que dichos espacios sean un ejemplo por excelencia de los efectos de la presión social, lo que lleva al autor a concluir que “una de las mejores maneras de controlar la conducta humana es practicar estética relacional” o que “la estética relacional tiene que ver más con la presión de los coetáneos que con la acción colectiva e igualitaria”. Scanlan hace una comparación entre la experiencia de las obras relacionales, y un proyecto vial llevado a cabo en Drachten, Holanda, calificándolos de “inquietantemente similares”. Dicho proyecto consistía en la eliminación de todos los signos de dirección y marcas viales (bordillos, diferencias en el asfalto, señalamientos varios) en la plaza de la ciudad. Así, a pesar de que la lógica convencional afirma que las diferentes entidades que hacen uso de las calles no deberían mezclarse arbitrariamente y que, en la medida en la que se respete esto más seguros estarán todos, en el proyecto se apostó por experimentar una continua negociación –de final abierto- entre todos los participantes, es decir, los peatones y todo tipo de transportes.

Al eliminar todos los indicadores y cualquier infraestructura que guíe la conducta, lo que se espera es que los participantes presten atención a lo que están haciendo, a la vez que anticipan lo que cualquier otro podría hacer. Como lo han indicado los encargados del proyecto, “este esquema trabaja solo cuando sus participantes comparten un sentido común de ética y el grupo comunica este código invisible de conducta a cualquier iniciado que entre a la plaza”. En otras palabras, todo funcionaría bien confiando en la eficacia de la presión social, o lo que los responsables del proyecto podrían interpretar como “buena educación”: “Este es un espacio social, entonces, cuando la abuela está viniendo, tú te detienes, porque esto es lo que los seres humanos, normales y educados, hacen”.

Como lo explica Scanlan, la presión de los coetáneos funciona como un mecanismo de control de conducta ya que está jugando con uno de los miedos más básicos de los seres humanos: la humillación pública. Si bien esto puede ser benéfico para los contextos públicos –nos permite una convivencia social orientada respecto a lo que nos está permitido hacer y lo que no- en el contexto artístico ya no es tan productivo. Como el autor destaca, “la presión de los coetáneos puede producir un plaza central más segura, pero esta hace en cambio, un arte tímido”. Y este es justamente el problema del arte relacional: como proyecto se propone aprovechar el potencial creativo del espacio social y, sin embargo, el resultado son expresiones tímidas en donde hay un acuerdo, explícito o no, de que la conducta tranquila y razonable –aunque mediocre- es preferible a correr el riesgo de presentar una conducta aberrante. Hoy en día en el contexto del arte todavía se suprime justamente aquello que es humano, como el narcisismo, el solipsismo, la perversión, la fantasía o el absurdo y justamente debería ser al contrario: un lugar que permita la experimentación de sensaciones y conductas distintas a las requeridas por la vida cotidiana. Siguiendo con la analogía del sistema vial holandés, Scanlan afirma que “el arte debería ser un lugar donde podamos ‘matar a la abuela’ y, en vez de llamar a la ambulancia o a las autoridades morales, permanecer alrededor y hablar de lo que esto significa”. Abogando por un arte más atrevido y transgresor, el autor insiste en que lo que sucede en una galería frente a una pieza relacional no es una verdadera acción colectiva, no la que necesita la sociedad actual. En contraste con los aires de utopía y los deseos de un mañana mejor proclamados por la estética relacional, lo que realmente provoca en los espectadores se parece mucho más a un efecto anestésico que a un cambio de perspectiva.

Hasta aquí nuestra recapitulación. Las propuestas teóricas presentadas hasta ahora nos brindan un panorama bastante claro respecto a los factores más cuestionables de Estética Relacional. Su mismo origen ecléctico y poco estructurado de esta publicación, resultado de la reunión de diversos ensayos publicados en momentos diferentes y bajo contextos distintos, ha terminado por mostrar la ausencia de una estructura que de soporte a todos sus argumentos. De este modo, aunque la estética relacional sea una teorización sustentada en la propia práctica de Bourriaud como curador, es inevitable notar que ha sido motivada fundamentalmente por el impulso espontáneo o quizá la intuición de presenciar el inicio de algo único y significativo, aunque todavía no muy definido y sin la posibilidad de sustentarlo teóricamente. La estética relacional es una descripción conveniente, formulada en un contexto particular, pero que aspira a la generalización, al igual que lo han sido otras propuestas de este mismo autor como fue su Manifiesto por el Altermodernismo, su teoría del Arte Radicante o su más nueva descripción del Arte Precario.

Aún así, a pesar de que hoy a la distancia la estética relacional pueda considerarse como una concepción fallida e incompleta, un concepto para ser almacenado en “el banco de pruebas”[13] de conceptos estéticos, es importante reconocer que su aparición ha permitido el desarrollo de un valioso e interesante debate respecto a la obra de arte contemporáneo, donde conceptos como la participación o las relaciones con el mundo capitalista han emergido y nos llaman a reflexionar, sea cual sea nuestra postura en este engranaje: artistas, espectadores, curadores o críticos. Al igual que muchos otros intentos artísticos que han aspirado a cambiar el mundo, la estética relacional ha terminado por chocar frente a sus propias limitaciones e inconsistencias. Quizá entonces su valor resida en su posibilidad de enseñarnos algo, mostrarnos que sus ideas y pretensiones son ingenuas y que el camino entonces hay que ensayarlo por otro sitio.

Notas

[1] Maria Lind, “The Collaborative Turn”, en Taking the matter into common hands, ed. Johanna Billing, Maria Lind y Lars Nilsson (Londres: Black Dog Publishing, 2007), 20.

[2] Hal Foster, “Chat Rooms”, en Participation, ed. Claire Bishop (Londres y Cambridge: Whitechapel & The MIT Press, 2006), 192.

[3] Philippe Dagen, “Vagues propos sur l’art” (Mar. 26, 1999 [citado el 29 de mayo de 2011] Le Monde): disponible en http://www.lemonde.fr/cgi-bin/ACHATS/acheter.cgi?offre=ARCHIVES&type_item=ART_ARCH_30J&objet_id=14858

[4] Damien Sausset, “Playlist: Palais de Tokio and Densité +/-0: Ensb-a”, Art Press no. 302 (2004): 76.

[5] Claire Bishop, “Antagonism and Relational Aesthetics” October no. 110 (Fall 2004): 51-79.

[6] Maria Lind, “The collaborative turn”, 22.

[7] Stephen Wright, “The Delicate Essence of Artistic Collaboration” Third Text Vol. 18, Issue 6 (2004): 533-545.

[8] Anthony Downey, “Towards a Politics of (Relational) Aesthetics” Third Text Vol. 21, Issue 3 (May. 2007): 267-275.

[9] Stewart Martin, “Critique of Relational Aesthetics” Third Text Vol. 21, Issue 4 (Jul. 2007): 369-386.

[10] Hal Foster, “Chat Rooms”, en Participation, ed. Claire Bishop (Cambridge: Whitechapel & The MIT Press, 2006).

[11] Jacques Rancière. El espectador emancipado. Traducido por Ariel Dilon. Castellón: Ellago Ediciones, 2010.

[12] Joe Scanlan, “Traffic control: Joe Scanlan on social space and relational aesthetics” ArtForum (Summer 2005 [citado el 17 de diciembre de 2009]): disponible en http://findarticles.com/p/articles/mi_m0268/is_10_43/ai_n27870053/

[13] Manuel Cirauqui, “La incertidumbre del contexto. Entrevista a Rirkrit Tiravanija”, Lápiz Revista Internacional de Arte no. 222 (Abr. 2006 [citado el 16 de junio de 2009]): disponible en http://www.revistasculturales.com/articulos/10/lapiz-revista-internacional-de-arte/536/6/la-incertidumbre-del-contexto-entrevista-a-rirkrit-tiravanija.html

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