Este proyecto parte de una sensación de "inestabilidad" en la que me veo sumergida demasiado a menudo, sobre todo en esos días marcados con un fuerte aire existencialista, que me llevan a preguntarme que quiero hacer con mi vida... hacia dónde van encaminados todos los esfuerzos y sacrificios...en que me baso para tomar determinadas decisiones?
Clásicamente los papeles principales que tienen en la formación de "mi historia" la intuición y el subconsciente que me han llevado a actuar de forma impulsiva...hasta ahora no me puedo quejar mucho, apenas, o quizás nada sobre los resultados; pero siempre he creído saber lo que quería, aunque los objetivos cambiaran a corto plazo, mi energía estaba enfocada en cosas concretas, siempre he visto con claridad el siguiente escalón, cosa que parece haber cambiado en este último año ¿Que hago con mi vida?
La cosa está así; Termino un master en investigación artística y creación en cosa de dos meses (si todo va bien) y con el panorama del país, la poca valoración de los estudios artísticos, etc... y quizás la necesidad de empezar a desarrollarme laboralmente dentro de este ámbito...o dentro de algún otro...me llevan a buscar respuesta a esa pregunta, dejando la decisión en manos de los otros, eximiendo la responsabilidad de tomar decisiones, etc.
¿Tú qué harías con mi vida?domingo, 5 de mayo de 2013
CAPITAL HUMANO, LA CREATIVIDAD Y LA INNOVACIÓN
1.3 El capital humano, la creatividad y la innovación
Qué debemos entender por “capital humano”
Tanto al hablar de “recursos humanos” como al hacerlo de “capital humano”, señalamos a las personas; pero, en el primer caso (más alineado con la era industrial) puede que veamos a las personas como recursos, empleados, subordinados, etc., y en el segundo caso quizá vemos a las personas más como un activo fundamental de las empresas.
Aunque lo hagamos todavía en el lenguaje cotidiano, utilizar estos términos como sinónimos podría introducir confusión en la comunicación; hemos de insistir en que la economía del saber y el innovar se construye sobre las capacidades, actuaciones y esfuerzos —el “capital humano”— de los profesionales, aunque por inercia sigamos hablando de “recursos humanos”.
Como trabajadores ponemos, naturalmente, buena parte de nuestro capital humano al servicio de las organizaciones; pero somos propietarios del mismo: propietarios dispuestos a invertir todo nuestro capital allá donde pensemos que vale la pena..., si nos dan opción para ello. Las empresas son ciertamente soberanas ante la alternativa de “contratar conocimiento y obediencia”, o, desde un modelo mental más útil, atraer “capital humano”.
Parece que fue Gary Becker quien vino a decir que el capital humano es lo que nos quedaría, si nos arrebataran todo lo material de que disponemos. En definitiva, es algo nuestro, de cada trabajador o directivo, sobre lo que se viene hablando desde hace casi 50 años. Thomas Davenport es uno de los autores que mejor han reflexionado al respecto.
La creatividad, elemento clave del capital humano
Enfocando la creatividad es tal vez como mejor distinguimos el concepto CH, del concepto RRHH. La creatividad de los trabajadores (como su iniciativa, o su afán de saber) se veía típicamente sofocada en la era industrial, pero constituye un elemento cardinal en la economía del saber y el innovar.
Hemos de distinguir bien la creatividad de la extravagancia, y aun de la originalidad; se trata de generar novedad que resulte valiosa y aplicable, es decir, bien recibida por la organización o el mercado, rentable, diferenciadora de la competencia. Recordemos ya que, adoptando perspectiva sistémica, nadie es creativo (ni líder, por ejemplo) si no es visto como tal por el entorno.
Recordemos también que no se es más creativo (ni más intuitivo, ni más perspicaz, sagaz o audaz), por presentar un cociente intelectual superior, ni un nivel jerárquico superior, ni una superior o suprema autoestima; la creatividad supone una idónea combinación de muy diversos componentes, y no debería asociarse sólo con el brainstorming, o el pensamiento lateral o divergente.
“En la economía del saber, el ejercicio de esta compleja y valiosísima facultad ―la creatividad― nos hace seres humanos más completos, y añade especial valor a nuestro trabajo; por el contrario, un desempeño profesional carente de creatividad, sujeto a rutina u obediencia estricta, atrofia esta facultad y nos empequeñece: por rutinario que parezca, intentemos enriquecer nuestro puesto de trabajo, en beneficio nuestro y de la organización”.
Unidad 1: Características de la economía emergente.
Curso Superior de Innovación
9-De la creatividad a la innovación
La innovación va más allá de la mera renovación tecnológica, y no demanda siempre un esfuerzo formal de investigación y desarrollo. Ya en el panorama finisecular, muchos expertos insistían en ello: precisa, muy especialmente, de personas creativas que se desenvuelvan en un entorno catalizador.
Sabemos que las organizaciones funcionan de modo complejo y sistémico, y que, por muy creativo que fuera, un individuo no podría introducir novedades en procesos, productos o servicios, sin el poder necesario; de modo que, como ya señalaba Einstein, puede que lo difícil no sea tener una buena idea, sino conseguir que se materialice. El profesional innovador ha de contar, a menudo, con el apoyo decidido de un ejecutivo convencido.
En efecto, a las organizaciones corresponde el impulso y la catálisis de la innovación, sabedoras de que disponen de capital humano valioso; un capital humano con la necesaria dosis de intuición, serenidad, perspicacia, estímulo, pensamiento conectivo y abstractivo, afán de aprender y descubrir...
“Las organizaciones han de impulsar, y no sofocar, la iniciativa y creatividad de sus trabajadores expertos; a este fin, habrían de despejar el entorno de barreras tales como la mediocridad militante o el exceso burocrático, y permitir la mejor expresión del capital humano”.
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