http://historiadoreshistericos.wordpress.com/2009/03/31/pounds-norman-j-g-la-vida-cotidiana-historia-de-la-cultura-material-1999-critica/ [Fecha de consulta 2 de Mayo de 2013]
12. Conclusión
Unos
ocho mil años nos separan a los primeros agricultores europeos que
cultivaron en las llanuras costeras de Grecia. Puede que dejen de
practicarse los descubrimientos y las innovaciones, pero nunca se
olvidan.
Próximo Oriente fue el claro inspirador de los avances y del
progreso material en Europa. William Woodruff afirma que “estudios
recientes han demostrado que entre el siglo III y el XV, la tecnología y
la ciencia en China y en la India estaban más avanzadas que en Europa”.
En el siglo XIX Europa se había consolidado en su papel puntero.
Las
sociedades de Oriente Medio son muy conservadoras. Sus religiones no
estimulan el progreso, ven este mundo como una irremediable preparación
para el otro. Islam y Confucianismo relegan a su sociedad al orden y a
la estabilidad, no al progreso. (Dice el autor) El cristianismo nunca se
ha mostrado demasiado hostil al progreso material en este. Piggot
subrayaba que las sociedades conservadoras habían establecido “un modus vivendi
satisfactorio… con su entorno natural”. La sociedad innovadora siguió
siéndolo hasta haber establecido una nueva relación estable con su
entorno.
La
culpa, en un principio, la tuvieron las glaciaciones: si la agricultura
se desarrolló en Oriente Medio y no en Europa se debió a ellas. En
general, las sociedades europeas han sido más o menos innovadoras, y, al
no poder alcanzar una relación estable con su entorno, por lo menos
durante largos períodos, de estos desajustes y de los estímulos y
carencias resultantes surgieron las innovaciones tecnológicas que en
conjunto denominamos progreso. El aumento de la población es uno de
estos grandes cambios. La solución de un problema, no obstante, siempre
ha creado otros problemas y llevado a carencias en otros campos. Es
posible, también, que una sociedad estuviese tan íntimamente ajustada a
su entorno que la más mínima alteración los obligara a innovar y
modificar su cultura material. La capacidad de innovación no es algo
consustancial al ser humano, sino algo a lo que la humanidad ha
recurrido a regañadientes.
Todos
los grandes inventos han tenido como consecuencia, cuando no como
objetivo, aumentar el dominio del ser humano sobre el mundo material. La
ironía es que este control creciente fue extendiéndose no sólo a la
tierra, al suministro de agua y a los metales, sino también a las
enfermedades y a su transmisión. A medida que el hombre fue erradicando
las enfermedades con la eliminación de sus agentes transmisores, se
eliminó un poderoso obstáculo al crecimiento de la población. Estas
circunstancias condujeron a un crecimiento acelerado de la población y
al progresivo agotamiento de los escasos recursos disponibles, lo que, a
su vez, hizo necesario que se continuase innovando y experimentando.
La
especie humana, aparentemente, prefiere el proceso lento y sostenido.
Para que existan innovadores tiene que haber cierto grado de movilidad
social. Los marxistas interpretan este panorama a la luz de la
dialéctica hegeliana. Los conflictos entre la sociedad feudal y la
mercantil, abundantemente ejemplificados en los problemas a los que se
enfrentaron los comerciantes para conseguir y luego defender su derecho a
hacer negocios, provocaron el surgimiento del sistema capitalista, y el
capitalismo recurrió a la experimentación y a las innovaciones porque
estas contribuían a la mejora del proceso productivo y a su
rentabilidad.
La periferia-
El resto del mundo alcanzaba, de formas muy distintas, un cierto grado
de equilibrio con el medio ambiente y no sentía la necesidad de innovar y
de “progresar”. El desarrollo no tiene ningún mérito en particular,
salvo el de hacer la existencia humana más feliz y llevadera. Los
grandes descubrimientos y la colonización y el comercio posteriores
comportaron grandes cambios. Los pueblos de Europa empezaron a explotar
su cada vez más amplia periferia, no sólo mediante la importación de
productos que consideraban útiles o prácticos, sino también estimulando
su producción. La periferia, en conjunto, se explotaba para paliar las
carencias que había generado en la misma Europa el aumento de la
población y el crecimiento de la escala de producción de la industria
manufacturera. Las importaciones de la periferia no quedaron sin
contrapartida, sino que se compensaron con la exportación de productos
casi exclusivamente manufacturados, con lo cual el mercado periférico
adquirió una gran importancia como consumidor secundario de los
productos de las industrias europeas.
Inversión y bienestar-
Así pagaban los europeos sus importaciones del resto del mundo. Lo más
valioso para ellos fue las infraestructuras de comunicación: ayudaban a
la exportación de materia y a la movilidad de la población. En toda
valoración acerca de las exportaciones de cultura material de Europa, es
importante tener en cuenta que casi todos los países del mundo han sido
en su historia reciente colonias de algún país europeo u otro –aunque
habría que diferenciar entre colonias de poblamiento y colonias de
explotación-.Pero había zonas del mundo donde el clima era mucho menos
acogedor para los europeos que las de Norteamérica. Gran parte de África
y del sureste de Ásia, así como otras de Centroamérica.
McNeill ha hablado del “vivero de enfermedades” de África, desde donde
se han propagado en época reciente numerosas enfermedades.
El
máximo exponente de la estabilidad era China, donde los “campesinos de
cuarenta siglos” habían alcanzado una relación tan íntima con el medio,
que no deseaban introducir ningún cambio, algo que, por otra parte, tal
vez tampoco hubiese sido posible sin consecuencias nefastas para el
precario equilibrio ambiental. Perkins dice que apuraron al máximo las
posibilidades de la tecnología. China tiene dos ventajas: el espacio y
los cambios genéticos. El arroz es de maduración rápida y permitió
obtener dos cosechas en el sur y extender las fronteras de la zona de
cultivo de arroz en el norte. Inconscientemente ha ido aceptando la
tecnología y la ciencia occidentales. La supresión del shogunato y la
restauración de la autoridad imperial en Japón causaron el mismo efecto.
A
menos que el resto del mundo en desarrollo adopte políticas semejantes a
las de China y el Japón, la espiral de crecimiento demográfico y de
producción insuficiente de alimentos adquirirá unas proporciones que
hubiesen provocado la consternación de Thomas Malthus.
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