http://www.nacion.com/2011-08-05/Opinion/serendipia.aspx [Fecha de consulta 17 abril 2013]
Serendipia viene del neologismo en inglés serendipity,
acuñado por Horace Walpole en 1754, quien se basó para hacerlo en un
cuento tradicional persa: “Los tres príncipes de Serendi”. Estos
príncipes, dice el cuento, resolvían todos sus problemas gracias a las
casualidades.
El término, por lo tanto, tiene el significado de un
hallazgo inesperado, de un accidente o una casualidad. A veces se
asocia también con una revelación o intuición. Por ejemplo, el Dr. Haus
(el de la serie de televisión), después de mucho investigar acaba
resolviendo algunos de los casos por serendipia, es decir, siguiendo su
intuición o gracias a una revelación.
La vida
cotidiana está llena de serendipias, aunque las llamamos chiripas. Los
diccionarios dicen que chiripa se usa con una connotación más bien
festiva y se refiere a casualidades o eventos fortuitos en la vida
cotidiana, incluso a hechos intrascendentes.
Las
serendipias son reconocidas y (mas aún) buscadas en la filosofía, la
literatura, las artes, la composición, el diseño y la creación en
general. Se les llama inspiración, intuición o “musa”. Pablo Picasso
decía: “La inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando”.
Y
aunque las casualidades, las revelaciones y la intuición
tradicionalmente no hacen parte formal de la ciencia, su historia
también está llena de serendipias. Recordemos que Albert Einstein sí
aceptó esta cualidad en muchos de sus hallazgos. Y para poner otro
ejemplo más reciente, Eric Mazur físico de la Universidad de Harvard,
ha reconocido que descubrió el silicio negro (por lo que ha recibido
reconocimiento internacional), por pura casualidad. Y al igual que
Picasso, Mazur dice que estaba trabajando cuando sucedió.
Autoorganización. Las
serendipias en las ciencias (básicas y sociales) se pueden asociar con
sistemas complejos que se comportan de manera emergente. Es decir, son
sistemas que resuelven problemas de forma aparentemente espontánea.
Pero
no lo es: lo que sucede es que el sistema no recurre a un método
jerarquizado, planificado de manera lineal, sino que la organización
emerge desde la base. Cada parte (o agente) actúa individual y
separadamente y al aumentar la escala, emerge un comportamiento
colectivo, que parece casual, sin serlo.
Se trata de
una autoorganización. La forma en que se autoorganizará el sistema es
casi siempre impredecible, pero no por eso fortuita.
Algunos
de estos sistemas complejos son, por ejemplo, el moho del fango
estudiado por la biomatemática; el comportamiento de los barrios urbanos
estudiado por la psicosociología; o las redes de la mente humana,
estudiadas por las neurociencias.
Las redes sociales
en el espacio cibernético, de reciente creación, tienen también un
comportamiento en apariencia serendípico. Pero aunque impredecible, la
forma en que evolucionan estas redes no es casual: corresponde a la
autoorganización de un sistema complejo.
Ya sea en la
serendipia o en la autoorganización de los sistemas complejos, es
posiblemente allí, donde surge el descubrimiento, la creación, la
innovación, la producción, la invención. Porque, tal como dice el físico
teórico Basarab Nicolescu, “' la naturaleza es una inmensa e inagotable
fuente de misterio que justifica la existencia misma de la ciencia”.
Por eso, es importante poner mucha atención (más allá de a la ruta
prevista, a los efectos predecibles, al resultado anticipado, al método
conocido) precisamente a lo inesperado, a lo emergente, a lo que
aparenta ser casual y a veces hasta irrelevante.
Hay que mirar la
serendipia y tratar de develar y resolver los misterios que trae
consigo.
Pero para hacerlo, se necesita mucho más que
conocimiento: se requiere también inspiración e intuición. Sin
conocimiento, la intuición y la inspiración son débiles y difíciles de
transformar en realizaciones; sin inspiración e intuición, el
conocimiento es insuficiente para reconocer la serendipia.
Y, en acuerdo con Picasso y Mazur (entre muchos otros), te tiene que encontrar trabajando.
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